La historia que nos cuenta Heródoto tal vez no sea exacta, pero no por ello es menos cierta. Cuenta que el sabio Solón, en uno de sus viajes, fue recibido por Creso, rey de Lidia. Creso le mostró su palacio, sus tesoros y su corte, y a continuación le
dijo: "Solón, conozco tu fama de filósofo y se qué has viajado y visto mucho. Dime una cosa: ¿quién es el hombre más feliz que has conocido?"
Con esa pregunta, por supuesto, el rey lidio esperaba que el sabio contestara: "Tú, Creso", o algo parecido. Sin embargo, Solón respondió que, según su entender, el más feliz había sido Telo, de Atenas, pues este hombre había vivido en una polis
bien gobernada, había tenido hijos buenos, y había muerto luchando por Atenas contra Eleusis.
Molesto, el rey Creso insistió: "¿Quién es, entonces, el segundo hombre más feliz que hayas conocido?". Aquí Solón citó no a uno, sino a dos hombres: los hermanos Cleobis y Bitón, de Argos. Dos jóvenes que habían ganado en los Juegos, y que ese mismo día
cumplieron una hazaña memorable. Su madre tenía que ser llevada al templo de Hera, a ocho kilómetros de distancia, para un festival. Como los bueyes no llegaban a tiempo, Cleobis y Bitón tiraron del carro. Todos aclamaron su fuerza y felicitaron a su madre.
Ella, en un momento de emoción, rogó a la diosa que concediese a sus hijos la mayor felicidad que un hombre puede tener. La plegaria fue escuchada: luego de la fiesta, los jóvenes se quedaron dormidos en el templo, y no volvieron a despertar.
Cada vez más ofuscado, Creso increpó a Solón, por declarar que unos simples ciudadanos habían sido más felices que el propio Rey de Lidia. Pero el sabio le aclaró: "Un hombre vive muchos días, y cada día trae algo distinto. Por lo tanto, no puede llamarse
feliz a un hombre mientras esté vivo. Nunca se sabe qué puede suceder".
Le conté a Rafa Pinedo esta historia en 2005, en uno de los almuerzos que teníamos en "El Remanso" (que, en nuestra jerga, él había bautizado The Recalm). Creo que al principio se rió (siempre se reía) y dijo que lo de Solón era un poco estúpido
(tal vez la palabra era un poco más fuerte), porque cómo le podía importar a un tipo si había sido feliz, cuando ya no vivía para darse cuenta. Después se puso más serio, y reconoció que la historia (bastante dudosa, le aclaré, pues se cree que Solón había
muerto antes de que Creso fuera Rey) era buena. Y eso era lo importante. Lo que la historia decía, aunque no fuese más que una ficción.
Rafa: fuiste feliz en tu vida, porque hiciste felices a los demás, y eso era, acaso (junto a la literatura) lo que más te importaba. Hiciste feliz a Alejandra, a tus hijos, a tus amigos, y a todos lo que te conocieron. No viviste en una polis bien
gobernada (por algo escribiste "Plop" ), ni tiraste un carro de bueyes (aunque trabajar en sistemas es peor). Pero fuiste feliz. Solón estaba casi en lo cierto. Casi nunca se sabe qué puede suceder. A veces sí sabemos qué sucedió, y sin embargo
querríamos no saberlo. No por amor a la ignorancia, sino por el deseo de que no hubiera sucedido. Fuiste feliz, y fuimos felices con vos.
Será por eso que esperamos verte de nuevo en cualquier momento, en cualquier esquina, en un mediodía en The Recalm, donde tal vez no vuelva hasta que llames, o mandes un mail, que dentro de todo es un medio más seguro para combinar una cita. No
se termina acá, viejo, porque cuando algo vale de verdad no se termina. Alejandra nos reveló, en Página/12, un mail en el que vos mismo decías: "Soy feliz. Carajo, que no es poco. ¿Qué no es poco? Es todo".
Es todo.