Todavía lo recuerdo sentado a una mesa del Plaza del Carmen de Cabildo y Lacroze, explicándome que la literatura no se hace cuando uno la escribe, sino cuando la lee. Explicándome que la lectura de Roland Barthes podía ser un poco críptica. No lo
llamaba Roland, le decía #Rolo#, como si lo conociera de toda la vida.
Lo recuerdo animándome a romper moldes, a no encasillarme, con frases tan poco diplomáticas como: #Gordo, perdoná que te lo diga así, pero a vos la ciencia ficción te queda chica#.
Lo recuerdo dándome recomendaciones para iluminar mi departamento... hablando de los autores que admiraba... de informática. Ofreciéndose a donar sangre para mitigar la perenne anemia de mi viejo.
Lo recuerdo en una fría mañana patagónica hace un par de años, durante el viaje que hicimos con la Fundación, compartiendo un desayuno improvisado conmigo y con Eduardo Carletti. La memoria (siempre caprichosa, e incluso un poco cursi) quiere
que esa mañana no me parezca tan fría porque estaba entre amigos.
A Rafa lo recuerdo en musculosa, en un bar de Avenida Santa Fé, durante nuestro primer encuentro-entrevista. Así salió en la foto que acompañó la nota. Supongo que no temía mostrarse tal cual era.
A Rafael Pinedo lo recuerdo preguntando, mostrando su obra en ciernes, pidiendo consejo. No se va a ofender si digo que no era de esos escritores que logran la pureza de estilo a la primera escritura. Sabía escuchar, quería aprender y aceptaba la mirada
de los otros sobre su obra. Y era igualmente generoso a la hora de dar un consejo solicitado, devolviéndote las hojas anilladas y llenas de apuntes.
La literatura era su pasión y su refugio. Él me presentó al poeta César Vallejo, aquella fatídica mañana del 4 de diciembre, cuando le informé de la muerte de mi viejo: #Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé! / Golpes como del odio de Dios...#
, me escribió. Una semana después la vida golpeaba de nuevo. Él también se marchaba, dejando la puerta abierta.
Quién sabe... A lo mejor están tomándose una cerveza ellos dos, que nunca se vieron en persona, en algún bar del Más Allá.