para Jorge Pinedo y Alejandra Procupet
a Maxi y Sofi, como decía su padre, "para cuando puedan leerlo"
Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa,
¡donde nos haces una falta sin fondo!
César Vallejo
"Sin duda, todo esto también le hubiera parecido absurdo. Tanto que en medio del drama de estos últimos días, estando en el hospital, nos dijo a Jorge y a mí que lo que estaba pasando parecía una obra de teatro de Tito Cossa, en la que la familia se reúne
alrededor de uno que se está muriendo, se desatan unos conflictos fenomenales y al final no pasa nada".
Alejandra Procupet
"A veces pienso que tengo que animarme a escribir un cuento donde no se muera nadie"
Rafael Pinedo
Bajo el absurdo cielo de Buenos Aires
(barro cósmico apuntalado por altos edificios)
Rafa Pinedo pasa enhebrando palabras,
usando a la muerte por atrás, y sonriendo.
Pero a la muerte no se le puede ver la lengua,
y nadie se preocupa.
Bajo el absurdo cielo de Buenos Aires
Rafa Pinero acaba de escribir un cuento
en que no muere nadie,
un cuento en el que mezcla versos de Borges,
ayes de Zitarrosa y lenguaje informático,
un cuento aburridísimo,
en el que todos los personajes tienen los ojos húmedos,
en el que Plop se casa por la iglesia
apadrinado por Eros y Tánatos.
Bajo el absurdo cielo de Buenos Aires
todos bebemos lágrimas como si fuera pan,
todos bailamos tango como si fuera ron,
todos nacemos en el barro, comemos en el barro,
usamos a los otros entre bolas de barro inobjetable.
Robert Artl, Les Luthiers, Alejandra, Tito Cossa,
Borges, Gardel, su hermano Jorge, y otra vez Zitarrosa,
y otra vez Robert Artl, y otra vez Les Luthiers,
todos repitiendo la misma frase,
con las palabras untadas de dolor: -Acá se sobrevive.
Y en los altavoces de la ciudad se repite
como un eslogan público: -Acá se sobrevive.
En los televisores y emisoras de radio: -Acá se sobrevive.
En las pantallas de las computadoras: -Acá se sobrevive.
Los recién nacidos gritan mientras les cortan
el cordón umbilical: -Acá se sobrevive.
Los perros escabiosos mientras los patean
en las puertas de los restaurantes: -Acá se sobrevive.
Los políticos mientras opinan en bacinicas de oro:
-Acá se sobrevive.
Las prostitutas mientras se untan de grasa
las entrepiernas: -Acá se sobrevive.
Llega un e-mail colectivo a todos los buzones:
-Acá se sobrevive.
Las pájaros en los tejados: -Acá se sobrevive.
Los libros viejos de la calle Corrientes: -Acá se sobrevive.
Los taxistas malhumorados por el exceso de taxistas:
-Acá se sobrevive.
Los goleadores de la última jornada: -Acá se sobrevive.
Los muertos del último accidente aéreo: -Acá se sobrevive.
Los sobrevivientes del ultimo programa de TV: -Acá se sobrevive.
Los adúlteros: -Acá se sobrevive.
Los nostálgicos de la bohema de San Thelmo: -Acá se sobrevive.
Los suicidas: -Acá se sobrevive.
Los primeros lectores de Rafa Pinedo: -Acá se sobrevive.
Los últimos lectores de Rafa Pinedo: -Acá se sobrevive.
Los que aún no lo han leído: -Acá se sobrevive.
Y luego todos, con las bocas sucias de "acaísmo",
recién usados nadie sabe por quién, absolutamente todos,
al unísono, preguntamos lo mismo: ¿Y acá, dónde?
Las colillas de cigarro adaptan la pregunta: ¿Y acá, cómo?
Las botellas de mate van más lejos: ¿Y acá por qué,
acaso acá se sobrevive más que en otras partes?
¡Boludeces!
A estas alturas de la incertidumbre, nadie sabe
quién de todos nosotros va a llamarse Plop desde que nazca.
Todos nos miramos con desconfianza y miedo
(sobrevivientes asustados de la sobrevida).
Todos caeremos al barro, pero muy pocos tendremos nombre propio.
Rafa Pinedo lo sabía, lo dijo, la advirtió.
Por las calles oscuras de Buenos Aires,
Rafa Pinedo pasa rifando nombres onomatopéyicos,
sorteando monosílabos entre quienes lo vamos a enterrar.
Maldito fin de año, maldita Navidad.
Dos atentados en Irak matan a 17 personas.
Rafa Pinedo pone cara de antropólogo histriónico.
Detenidos 11 supuestos islamistas en Ceuta
Rafa Pinedo cierra los ojos para no ver a quién le ha tocado el nombre Plap.
Pinochet deja un Chile dividido tras un masivo funeral.
Rafa Pinedo parece feliz, actúa como si estuviera muerto.
El presidente de Irán dice que los días de Israel están contados.
Rafa Pinedo cierra los ojos para no ver a quién le ha tocado el nombre Plep.
La Bolsa paulista bajó 0,67 PCT por la decisión de la Reserva Federal.
A Rafa Pinedo le da risa imaginar que alguien
sobreviva arrastrando el nombre Plip.
Cubero pasa a Tigres de Monterrey, sólo falta revisión médica.
Rafa Pinedo llega hasta Chacarita seguido por algunos potenciales Plups.
Vázquez advirtió que "se deteriora" la relación con la Argentina.
Rafa Pinedo duda del ruido que hará su ceniza
cayendo al Río de la Plata. Pregunta a Tito Cossa.
Pregunta a Les Luthiers. Pregunta a su Alejandra. Nadie responde.
Pregunta, entonces, al propio Río de la Plata en qué piedra,
raíz, larva futura, terminará de ser superviviente.
Maldita Navidad, piensa el Río de la Plata.
Rafa Pinedo sonríe recordando el día en que el obelisco
de 9 de Julio amaneció vestido con un condón enorme.
Sonríe recordando el "jamás más" y el rostro de su flaca.
Sonríe recordando el año 2002, las calles de La Habana
y el plip-plap-plup de sus nuevos amigos habaneros.
Sonríe imaginando a los inminentes lectores de su novela Subte.
Sonríe, simplopmente, lamentando tener que faltarles
tanto tiempo a sus hijos.
Acá se sobrevive, se repite en voz baja.
Acá se sobrevive, sin abrir los ojos.
A veces las palabras de los que le acompañan caen sobre él,
como lágrimas sólidas, como trozo de barro dolorido.
Y todo ocurre bajo el absurdo cielo de Buenos Aires, sí,
en diciembre, sí, bajo la mirada tonta de los edificios,
con ritmo de milonga mal tocada,
con voz de tango alegre, la única música posible
para el final de un cuento aburridísimo.
¿Cómo se te ha ocurrido, inventor de la supervivencia?
¿A adónde irás con tu alegría contagiosa,
con tus retruécanos de comediante triste,
con tus caricias de padrazo?
Qué raro, Rafa. Desde el fondo del pozo
solo se ve un pedazo de cielo gris,
a veces negro. Es demasiado raro, Rafa.
¿Desde el fondo de qué, desde el fondo de cuándo?
¡Si a todos nos haces una falta sin fondo!
Almería, España, 12 de diciembre de 2006