HISTORIAL Género Fantástico y Realismo Indeciso Actualizado: 13-05-2007 
   
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Nuevas miradas sobre la obra cumbre de Rafael Pinedo

Miserias culturales en la
representación distópica de Plop

por Santiago Olcese

La verdad oculta tras de todo esto, que negaríamos de buen grado, es la de que el hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor, que solo osaría defenderse si se la atacara, sino, por el contrario, un ser entre cuyas disposiciones instintivas también debe incluirse una buena porción de agresividad. Por consiguiente, el prójimo no le representa únicamente un posible colaborador y objeto sexual, sino también un motivo de tentación para satisfacer en él su agresividad para aprovecharlo sexualmente sin su consentimiento, para apoderarse de sus bienes, para humillarlo, para ocasionarle sufrimientos, martirizarlo y matarlo.

Sigmund Freud, El malestar de la cultura


La literatura post-apocalíptica, tiene algunas características más o menos codificadas que la novela de Rafael Pinedo, Plop, incorpora siguiendo líneas que libros como Warday de Whitley Striber y James W. Kunetka, No Blade of Grass de John Christopher, The Day of the Triffids de John Wyndham, After Doomsday de Paul Anderson, Childhood's End de Arthur C. Clarke y Earth Abides de George W. Stewart; y películas como la serie Mad Max, The Postman y Twelve Monkeys -entre muchas otras-, ya habían perfilado. 1 En líneas generales estas historias proponen un mundo en ruinas, y formas de sociabilidad rígidamente cerradas. No suele haber un orden distinto, radicalmente nuevo; lo que hay es una ordenación múltiple y varia de las partes. No es, por ello, un mundo paralelo, con lógicas propias absolutamente ajenas a las nuestras como en las narraciones fantásticas; el relato post - apocalíptico nos describe el nuestro, pero llevado generalmente a su extremo más ruinoso.

Plop es una novela que postula, con los recursos de la ficción y la imaginación frenética, a la sociedad post-capitalista no como punto de partida, sino de llegada. Todo el proceso mediante el cual la civilización -tal cual la conocemos hoy día- desaparece no está explicitado. Lo que se narra no es el proceso degenerativo de la humanidad, sus causas o sus consecuencias, ni siquiera sus efectos, sino una historia individual -compuesta, es verdad, de múltiples historias-, que nos permite emprender una arqueología de sentidos profundos y latentes con el fin de restituir esa misma historia a una temporalidad con la cual el lector se identifica.

A través de una imagen distópica del mundo, Pinedo da cuenta de las miserias culturales que nos constituyen y que llevan irremediablemente a la ruina de la civilización, y lo hace con lo único que parece salvarse del desastre: la posibilidad de la narración. Un relato desnudo, flaco y reticente, puesto que la novela nos arma un mapa, una cartografía de lo ocurrido a partir de lo no-dicho. Este recurso, que es sin duda parte del proyecto escriturario, evita la posibilidad de caer en la elaboración de juicios ni denuncias explícitas o de pretensiones pedagógicas por parte del autor, volviendo el texto tanto más actual cuanto más alejado parece estar.


"Algunos lugares no existen sino por las palabras que las evocan."

Marc Augé, Los no-lugares. Espacios del anonimato

A lo largo de toda la novela hay rastros de una sociedad anterior: tanto en algunos objetos que se encuentran dispersos -los libros, los cuchillos, las cajas de comida envasada que se encuentran en el depósito-, como en ciertos usos residuales de sociabilidades previas, como son los Lugares de Cambio (que serían algo así como mercados de trueque), los ritos sociales, las asambleas deliberativas, los tabúes, etc. Plop se convierte así en una novela que tantea en el abismo de un continuo de la historia que parece haber llegado a su fin. Esta disposición de la trama puede verse también, en la organización narrativa de la novela misma si observamos que el "Prólogo" que da inicio a la historia restituye, en realidad, el final; y que toda la historia que se leerá a continuación ya está, con el inicio mismo, concluida.

Ahora bien, la novela parece organizarse desde el comienzo en torno a la estructura narrativa propia de la leyenda, es decir, un relato popular conocido por toda una comunidad y que se transmite oralmente. En general, en las leyendas no se especifica el lugar geográfico donde ocurren los hechos ni la época, aunque se sabe que las historias suceden en un tiempo lejano. Desde las primeras páginas encontramos algunas marcas textuales que nos permiten inferir lo anterior: "Dicen (...)."2, "Cuentan(...)(15). "(...) se contaba (...)." (16), "Cuentan (...)."(17). De esta manera, también, el narrador evita la fácil inclusión del juicio valorativo, ya que evoca un orden de cosas, una serie de sucedidos legitimados por la tradición. Es a través de esta evocación donde la historia narrada, sus lugares, sus personajes, sus acontecimientos comienzan a existir.

El texto se origina a partir de un triple desplazamiento enunciativo. Por un lado, la historia que se lee es -en términos narrativos-, anterior al tiempo de la enunciación, la historia de Plop está en pasado, aunque por momentos esté narrada en presente(esto es parte de la estrategia narrativa del autor textual)3. Por el otro, este tiempo propio del enunciado es (siguiendo, ahora, el pacto de lectura que propone el género), posterior -en términos espacio-temporales-, a nuestra lectura. Así la vida de Plop queda encuadrada entre medio de dos instancias configuradoras de sentido: una que repone el relato desde la memoria, dándole vida, y el otro que la inscribe dentro de una compleja red de relaciones históricas ausentes pero latentes.

Pero el desplazamiento es además el motor de la trama. El movimiento no es propio sólo de la instancia discursiva, sino también de las historias que se narran. "Migrar" es la clave de la supervivencia -por lo menos lo es hasta que Plop encuentra el depósito de latas a partir del cual sustenta su poder-. Es decir, el movimiento es el recurso de una sociabilidad que necesita del desplazamiento para permanecer.

El movimiento no llama a la memoria, porque esta no es nómada sino gregaria. El narrador es capaz de relatar la historia porque está situado. La enunciación se produce desde un lugar de inmovilidad desde donde las perspectivas se construyen (en paralelo con la inmovilidad propia de Plop que rememora desde el fondo de un pozo). Los personajes, en cambio, sin un lugar de sentido fijo, sin memoria histórica, "repiten" sin saberlo los mismos actos que dieron inicio a la historia de la humanidad. De ahí, nuevamente, la necesidad de un relato unificador que reinserte la historia dentro de la tradición, de la cultura, que recupere, por medio de la escritura, el lugar de la memoria. Vemos como la memoria histórica, reducto de la identidad colectiva, garantía de la permanencia a través del tiempo y de las circunstancias, aparece en la figura del narrador ya gregarizado y por ello portador del relato de la historia.

Ahora bien, las migraciones desordenadas y repentinas del grupo en el que vive Plop impiden la producción de rasgos identitarios. Es justamente por estos desplazamientos constantes que los asentamientos no llegan a ser un lugar en donde se construyan identidades estables. No hay nada, salvo los tabúes, que nos permita suponer características colectivas. Articulando miembros de grupos diferentes y costumbres diferentes, pero precariamente unidos por la sumisión al tabú de mantener la boca cerrada, este asentamiento, ya de por sí inestable es un espacio no vinculante.

En la novela se pueden identificar ciertos "límites" territoriales, asentamientos temporales que tienen la pretensión de separar más que de unir, ya que es "afuera" donde el peligro acecha: "Nadie pasa la noche fuera del Asentamiento sin un riesgo grande." (63). Sin embargo, el estar "adentro" no implicaría una pertenencia a una comunidad, a una clase o una categoría, sino a una necesidad elemental: sobrevivir. No hay que olvidar que el primer objetivo de la sociedad de Plop, el fin al cual cada uno de los miembros de los grupos se esfuerza por llegar, es sobrevivir. "Cada uno armaba la estructura que podía. Para sobrevivir."(15). Si cada grupo tiene como horizonte la permanencia, en Plop se lee la lucha diaria por no morir, el intento desesperante por no desesperar.

Ahora bien, siempre se teme lo extraño, lo que es ajeno. Precisamente se teme al que está "afuera" porque es disruptivo, rompe con el orden habitual de los sentidos, desestabiliza la normatividad. Los asentamientos no sólo están expuestos a los avatares de un mundo que los rechaza, sino a los ataques de otros grupos migrantes. No obstante en Plop la escritura viene de afuera y con ella el saber, el poder simbólico. Es una figura exterior la que trae el libro completo "Hasta ahora había visto papeles con palabras. Pero nunca había pensado que iba a encontrar un libro completo." (62), y cuando la Vieja Goro pretende enseñarle a leer a Plop lo lleva fuera del asentamiento, en una clase grupal que incluye miembros de otros grupos. De esta manera, el espacio exterior aparece desdoblado, por un lado es sinónimo de peligro, pero por el otro, es el lugar en donde se origina la escena de escritura. Casi como una actividad clandestina, Plop aprende a leer, clausurando todo el proceso de aprendizaje que él recibe de la Vieja Goro, que sólo aparece mencionada nuevamente en el relato de su muerte.

Pero, a pesar de no haber identidades colectivas, hay sin embargo un rasgo común entre los que viven dentro del emplazamiento, un rasgo que los homogeneiza como grupo, y es que todos y cada uno de ellos son útiles.

El criterio de selección grupal es explícitamente manifiesto: "Si alguien sirve se lo acepta." (61). Las funcionalidades de los miembros se reducen a un pragmatismo cruel que los vuelve objetos de una necesidad que sobrepasa sus propias subjetividades.

Con este utilitarismo llevado al extremo el autor lleva hasta las últimas consecuencias los efectos de una concepción, de una idea de "lo reciclable", que incluye ya no los residuos inorgánicos productos del consumo excesivo, sino además, a nosotros mismos como productos dispensables. Lo descabellado o desquiciado de esta imagen se atempera inmediatamente con lo cercana que se encuentra de las políticas de exterminio, experiencia histórica que late por fuera del texto y cierra su sentido.

El sexo dentro del grupo responde a este mismo criterio. Desde el punto de vista de su denominación, prácticamente en todas las oportunidades se emplea el término "usar" para dar cuenta del acto sexual, y responde a una obturación de los afectos intersubjetivos. Es decir, el sexo descarga las tensiones y las energías retenidas quedando contenida dentro de los límites de la satisfacción personal. Y ese es el único límite del sexo en el grupo de Plop. Ese y el impuesto por el tabú.

El cuerpo del otro -en la radical exteriorización de la sexualidad-, se vuelve un medio para satisfacer estas necesidades individuales, adquiriendo así un valor exclusivamente de uso. El placer, el goce, el deseo, dentro de esta concepción de lo sexual, se vuelven elementos potencialmente subversivos. Esto se ve claramente en dos ocasiones, y las dos se relacionan con la violación del tabú y con el castigo. La primera se lee en el capítulo: "El primer escalón": "Un día, en medio de los espasmos de placer, Plop simuló que se caía sobre ella. Su boca se encontró con uno de sus pezones. Mordió. Ella juró que nunca había sentido algo así." (35). Allí, Plop elabora un plan para vengarse de la mujer del Comisario General, plan que consiste en hacer a la mujer prisionera de su propio placer. Naturalmente, al ser descubierta rompiendo el tabú - a causa del deseo irrefrenable- es sacrificada. El otro momento está compuesto en realidad por varios, pero se condensan en una última escena que es la gran caída de Plop con La Esclava, la única de las mujeres que podía satisfacerlo, la única que deseaba.

Pero la sexualidad en términos de utilidad propone otras líneas de sentido dialécticamente contrapuestas. La idea del sexo desde esta perspectiva está indisolublemente ligada al proceso histórico en el que se inscribe la narración. En la sociedad capitalista, la sexualidad se mantiene dentro de los estrechos límites que impone una moralidad que normativiza la conducta sexual desde la óptica de la productividad. Es decir, el sexo en la sociedad es necesario en tanto y en cuanto reproduzca el proceso de producción capitalista. El empleo del tiempo se mide en términos de trabajo efectivamente realizado, y por ello, el sexo, como puro gasto inútil -en la medida en que no tenga como finalidad la reproducción de la especie humana- está debidamente reprimido4. El sexo en Plop -en términos de valor de uso- es, paradójicamente, la ruptura de esta idea de la sexualidad en relación con una finalidad reproductora. El sexo es gasto de energía sin finalidad trascendente. Hay entonces, por un lado, continuidad -llevada hasta sus últimas consecuencias- con una categoría de lo útil, producto del estado ruinoso del mundo, y por el otro lado su opuesto: la ruptura de esa misma continuidad. La novela es la síntesis dialéctica de ambos términos, que sólo se comprueba en la etapa post-capitalista en la que se inscribe. Y aquí hace falta detener un momento el análisis expuesto, con el fin de argumentar un poco más esto último.

El término post-capitalista no responde, solamente, a cuestiones que tienen que ver con el lugar que esta sociedad ocupa en el continuo de la historia, sino, principalmente a un cambio en la forma en que dicha sociedad se estructura con relación a la precedente. Si pensamos en dos de las condiciones básicas sin la cual no puede entenderse el capitalismo, tenemos, por un lado, el progresivo desarrollo del mercado, de las mercancías, y por el otro, la consecuente aparición del capital5.

Ahora bien, en Plop, la devastación del mundo es tal, que no hay, en ningún asentamiento, un modo efectivo de producción de mercancías. No hay ni industrias, ni fábricas ni trabajo asalariado, de hecho hay escasez de recursos naturales de primer orden. Esto nos llevaría a pensar que lo que se manifiesta en realidad, en Plop, es tan sólo un retrotraerse a un estado anterior primitivo o precapitalista de las sociedades. Pero, a pesar de las similitudes que podamos encontrar con dichos estados, no hay que olvidar el hecho de que lo que se postula en la novela, como expusimos al comienzo, es un mundo apocalíptico devastado, situado en un futuro incierto, que nos muestra los límites y los alcances de una sociedad que se instala en un proceso histórico concreto y que nos revela la falsedad de un planteo que se acomoda a la idea de un "eterno retorno" que no tiene en cuenta las condiciones objetivas particulares de cada etapa del desarrollo. Es decir, no hay un retroceso a un estado anterior de la cultura.

Lo que hay es caza, recolección en menor medida, y rapiña. Éstas son las posibilidades que se plantean a lo largo de todo el texto, siendo la última la más efectiva, debido, justamente, a la falta de recursos naturales - recordemos cómo la novela nos habla constantemente acerca de la escasez de alimentos, las sangrientas cazas de gatos y ratas salvajes, la poca variedad de hierbas, yuyos y hongos diseminados muy insuficientemente a lo largo y a lo ancho de un paisaje repleto de basura-. Quedan, sí, mercancías de momentos históricos anteriores (las latas de comida que encontró Plop en el depósito, por ejemplo), pero que han pasado a ser exclusivamente valores de uso y no de cambio, y por ello han dejado de ser, precisamente, mercancías. Otros objetos, antes mercancías, han perdido toda utilidad:

"Entre las pilas de basura se encuentra de todo. La mayor parte es hierro y cemento. Pero hay mucha madera también. Y plástico. De todas las formas. Y tela, casi siempre medio podrida. Y aparatos. Que nadie sabe para qué son, o fueron." (21)

Retomando, ahora sí, el tema planteado un poco más arriba, es decir, el de la utilidad como criterio homogeneizador, se puede decir - repetimos- que éste hace a los miembros del grupo semejantes. Sin embargo, esta idea de semejanza los hace prescindir -por la transformación alienante de los personajes en objetos útiles-, de una disposición intersubjetiva, imposibilitando, de esa manera, el desarrollo de la intimidad en la sociabilidad de Plop. No sólo el concepto de "familia" está ausente de ella:"La mención de familia dejó a toda la gente asombrada. Era un concepto nuevo para los jóvenes y muy en desuso para el resto." (53), sino que incluso todo vínculo afectivo parece estar omitido. Pero esta imposibilidad parece darse dentro del asentamiento de Plop, y no por fuera. Tan sólo basta recordar, -volviendo a la escena en la que Plop aprende a leer-, cómo comienza su primer clase: "-La eme con la a, ma. La pe con la a, pa." (58). Es, entonces, en esa sesión intersubjetiva de lectura con miembros de otros grupos donde los conceptos de "padre" y "madre" son pasibles de reaparecer como configuradores de experiencias.

También se mencionó que incluso todo vínculo cariñoso parece obturado. En este sentido, hay algunos personajes que sobresalen del montón por su excentricidad afectiva. Es el caso de Tini y del Urso. Por un lado, por ser, hasta el último minuto de sus vidas, leales a su amistad, negándose a matarse entre sí (ver el capítulo "El duelo"), por el otro, al cumplir su rol de padres; Tini con su hijo biológico, y El Urso con el misterioso bebe Opa que adoptó. También es el caso de "Los Raros", que son efectivamente familia. "Ellos son mi familia (...)" (53) dice Raro al presentar a sus acompañantes. Y por supuesto también es el caso de Plop que mantiene, por momentos y en diferentes etapas de su vida, relaciones afectivas con estos mismo personajes.

El asentamiento de Plop es neutro, frío, no propicia la creación de símbolos ni de sentido. En ellos no se tiene una voz propia ni colectiva y la voz es la de aquél que ejerce el poder, el control. En el grupo de Plop, por supuesto hay un orden jerárquico que responde al afán de supervivencia dentro del cual se destaca el más fuerte, pero la movilidad dentro de esos estrechos límites es prácticamente nula: "(...) se les pone nombre y se los destina definitivamente a una Brigada, en la que permanecen para siempre" (24) porque "Nunca convenía intentar cambiar (...)." (78).

También en este asentamiento se es cualquiera dentro de una multitud. No hay nombres propios, la designación del nombre es colectiva y puede responder a las circunstancias más azarosas, como en el caso de Plop: "(...) es el ruido que hizo al caer en el barro, cuando nació." (24) o a una categorización tipológica, como "La Esclava", "La Guerrera", "Los Raros", "El Urso". Pero dentro de este estado general de anonimato en donde cada quién participa de un rol que le es asignado (Brigada, Voluntarios, Voluntarios II, Jefe de Brigada, Comando, Recreación, etc.) sobresalen sí, algunos sujetos, cada uno personaje de una historia que le es propia y que está diferenciada por la organización narrativa. Capítulos como "La Vieja Goro", "Los Raros", "La Tini", "El Urso", "La Esclava", "La Guerrera" entre otros (sin mencionar el título mismo de la novela que por supuesto funciona como el eje a partir del cual toda la serie se "ordena") hacen avanzar la historia a partir de una individuación semiótica de los personajes que intervienen directamente en la construcción de la subjetividad de Plop. Pero no sólo estos capítulos mencionados -sino todos- son micro-historias, segmentos aislables -no aislados- de una serie que la excede, cuya fragmentación no es sólo apariencial (un recurso estilístico), sino que responde a la lógica misma de la novela y de la historia narrada. Los capítulos en la novela no dividen, no prescriben sino que son el mapa que nos permite recomponer el entramado de relaciones que dan cuenta de una vida en particular: la de Plop. Como cada una de las paladas de barro que cae en su cabeza: "Cuando ve caer la primera palada de tierra empiezan a sucederse imágenes, con la historia reciente, con el principio, con el final." (13)

Y esta historia que se cuenta es, por sobre todas las cosas, la historia de un sujeto que deviene. La historia de Plop. De un sujeto de la diferencia que logra realizar el proyecto que tiene de sí: "Desde que ha empezado su camino. Desde que se ha obligado a no ser uno más, un mono, un peón, un esclavo." (14) Es la historia de un devenir particular, la historia de una subjetividad desbordante, la historia de un yo que se construye a cada paso hasta extinguirse.6 Y como no podía ser de otra manera, su caída es tan brutal como su ascenso. Sin padre, (ni figura que la reemplace) y sin Ley, Plop sucumbe por romper el tabú, mediante una felatio en público con La Esclava: "Plop la arrodilló frente al trono, entre sus piernas. Ella empezó a chupar" (135).

En Tótem y Tabú, Freud menciona que las prohibiciones de tabú carecen de toda fundamentación; es una estructura universal de origen desconocido e incomprensibles para nosotros, a pesar de parecer la cosa más natural a todos aquellos que estamos bajo su imperio. No obstante, la novela muestra una diversidad de grupos con diversos tipos de tabúes.

Si es verdad, que en Plop lo que se narra es, simultáneamente, la historia de un grupo en particular a través de la historia de uno de sus miembros, casi al pasar se nos dice que cada grupo tiene sus propias prohibiciones morales y que el grupo de Plop es solamente uno de varios: "Cada grupo tiene sus costumbres, su organización, sus tabúes." (22). De esta manera, Pinedo le agrega a su ficción el potencial necesario para poder actualizar nuevamente, cada vez de manera distinta, la historia como relato. Pero este se concibe ya no de manera hegemónica - subsumiendo la otredad en una diferencia radical- sino a partir de la asimilación de la diferencia como espacio múltiple de sentido. Esta multiplicidad nos permite leer en Plop la posibilidad de que haya varias estructuras simbólicas originarias y varias las posibles configuraciones de tipo moral.

La destrucción del mundo tal y como lo conocemos hoy no implicaría, en la novela, la "repetición" de la historia, como mencionamos anteriormente, sino que en ese continuo se actualizan nuevas posibilidades sociales. Lo que se lee es una entre varias posibles, pero que no cierra los sentidos latentes sino que los pone en perspectiva al silenciarlos a través de un "fuera de foco" de la narración. Es precisamente esta asimilación de la diferencia como constitutiva, a través de la representación de un mundo desolado y en ruinas, el lugar en donde distopía y utopía se cruzan y confunden.

La historia se estructura a partir de imágenes, escenas que suspenden -al sucederse- toda reflexión. Una mujer que pare mientras camina atada a un palo; un personaje que revive los momentos de su vida en el fondo de un pozo; gente que sólo puede tomar el agua de la lluvia; un árbol que permanece custodiado, restos esparcidos, basura acumulada, la llaneza del paisaje, etc. Estas imágenes narran por sí mismas y es por eso que la trama que las unifica es tan fragmentaria. En la economía de los títulos que encabezan los capítulos, pero también en el despojo de toda adjetivación o construcción compleja innecesaria en el cuerpo del texto, y la minuciosidad exasperante de frases que parecen dichas en secreto y sin prisa, se manifiesta la simbiosis que se produce entre la historia desoladora y ruinosa que se describe y la pálida palabra que la evoca. Como si la escritura, en un intento por sobrevivir, se quitase todo el ropaje inútil que la cubre.

Sólo si comprendemos que Plop no es una novela que trata acerca de un mundo ajeno al nuestro, sino que fundamentalmente habla acerca de nosotros mismos, de nuestro propio acontecer, podemos descubrir allí una imagen del mundo no tan delirante que está sustentada por y se fundamenta en nuestro destino apocalíptico. Es la pertenencia a este destino el que permite cierto tipo de identificación, y es la justificación última de nuestra lectura esbozada. La novela, a través de una construcción ficcional nos habla en todo momento de las miserias de una cultura que es la nuestra, y nos pone frente al dilema de preguntarnos una y otra vez hacia adónde vamos.


NOTAS:

1. Esta serie no tiene la intención de ser exhaustiva ni indicar continuidad con el texto, sino mostrar ciertas continuidades, y por sobre todas las cosas, desvíos. De todas maneras, convendría mencionar algunas de las características de esta rama de la ciencia-ficción, no solamente para certificar, como se mencionó, su pertenencia o su desvío, sino para poder ir trazando cierta cartografía del texto que nos permita delinear y limitar (al menos en un primer momento) algunas líneas de sentido. Teniendo en cuenta todas las diferentes variantes producidas y que hacen difícil cualquier determinación, cinco son las características que podríamos aislar groseramente: 1) El mundo, tal como lo conocemos, ha desaparecido. Sus causas pueden variar desde un ataque extra-terrestre, una catástrofe nuclear, un desastre natural o una epidemia incontrolable. Estas causas, en todo caso, no son determinantes. 2)Todos los acontecimientos trascendentes del argumento, ocurren post-festum, es decir, luego de ocurrida la catástrofe. 3) Hay un nuevo orden mundial, esto quiere decir que los que detentan el poder antes ya no lo tienen más. Por lo general son los más fuertes los que tienen el poder (ya sean robots, alienígenas, animales, o lo que sea). 4) El mundo es cruel, casi hostil, en donde sólo los más fuertes sobreviven.

2. Pinedo, Rafael, Plop, Interzona, Argentina, 2004, página 15. [Todas las citas se extraen de esta mismo edición. Para no detener la lectura, el número de página se consignará entre paréntesis.]

3. Siguiendo el "cuadro complejizado de sujetos del texto" propuesto por Elsa Drucaroff en su libro acerca de Mijail Bajtín, el autor textual se diferencia del autor empírico en la medida en que éste no tiene participación directa en el texto, mientras que el primero es el principio de ordenación textual, "(...) un verdadero otro del personaje, un ser creador al que [el autor empírico] ya no controla totalmente, que tiene una independencia extraña y mira al personaje desde su potente otredad totalizadora." Drucaroff, Elsa, Mijail Bajtín. La guerra de las culturas, Editorial Almagesto, 1996, página 98.

4. “La pequeña crónica del sexo y sus vejaciones se traspone de inmediato en la historia ceremoniosa de los modos de producción; (…)Del hecho mismo parte un principio de explicación: si el sexo es reprimido con tanto rigor, se debe a que es incompatible con una dedicación al trabajo general e intensiva; en la época en que se explotaba sistemáticamente la fuerza de trabajo, ¿se podía tolerar que fuera a dispersarse en los placeres, salvo aquellos, reducidos a un mínimo, que le permitiesen reproducirse?” en Foucault, Michel, “1-La voluntad de saber” en Historia de la sexualidad, Siglo XXI Editores, México, 1996, página 12.

5. Según Marx, “La producción de mercancías, la circulación mercantil y una circulación mercantil desarrollada, el comercio, constituyen los supuestos históricos bajo los cuales surge aquél [el capital] en Marx, Karl, El Capital, traducción de Pedro Scaron, Siglo XXI Editores, Argentina, 2002, página 179.

6. “La humanidad ha debido someterse a cosas terribles hasta constituirse el sí mismo, el carácter idéntico, instrumental y viril del hombre, y algo de ello se repite en cada infancia. El esfuerzo para dar consistencia al yo queda marcado en él en todos sus estadios, y la tentación de perderlo ha estado siempre acompañada por la ciega decisión de conservarlo.” [Adorno, Theodor y Horkheimer Max, “Concepto de Ilustración” en Dialéctica de la Ilustración, traducción de Juan José Sánchez, Trotta, Madrid, 2001, página 86]


     
       

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