HISTORIAL Género Fantástico y Realismo Indeciso Actualizado: 13-05-2007 
   
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Cuarta Entrega de "La Salvación después de Noé"

Las Belicosas Historias de los Macabeos y la Familia Herodes
por Alejandro Maciel

Como los universales del medioevo, el nombre "Herodes" evoca a tantos individuos que está muy cerca de legitimar un sub-género dentro de la calamidad humana. Las tres versiones conocidas de la Epifanía1 tienen en Herodes Antipas el antagonista perfecto de la tragedia sagrada. Las tres registran su nombre: la ortodoxa de Mateo y las apócrifas árabe y armenia.

El Cristo nació cuando el poder estaba en Roma, el imperio más vasto, prolongado y organizado que conoció la Tierra. Macedonia fue hechura de Alejandro y su padre, Filipo; Persia llegó al cenit comandada por Darío y Ciro; el Imperio Carolingio agonizó con Carlomagno; el Imperio Napoleónico murió antes que Napoleón; sólo Roma fue más que los octavios y los doce césares. Roma fue más que los personalismos y los caprichos de emperadores vituperados, sanguinarios y licántropos. Roma, como Egipto, endiosó a la casta gobernante pero manteniendo siempre el contrapoder en un cuerpo colegiado hermético a las megalomanías humanas de los dioses de carne y hueso. Si el Senado no consentía, Roma no iba a la guerra. Todos fueron Roma, el emperador también.

Por medio de esta organización política la ola expansiva nacida en los bordes del Mare Nostrum creció abarcando la Galia que nos devolvió el francés, Hispania que me dio la dicha del idioma español, Lusitania que nació para que Camoens escribiera las maravillosas "Lusíadas", Retia, Dalmacia que nos legó el rumano, Tracia, Macedonia y Grecia Magna dentro del Continente. Más allá la Britania, Mauritania, Numidia, Cirenaica y Egipto en las costas africanas. La Siria, el Ponto, Palestina, Capadoccia, Armenia, Bitinia y Galatia estaban registrados entre las provincias y estados vasallos de Roma. Quienes no cosecharon lenguas del romance se integraron a este gran mundo que en 1492 cruzó el Atlántico en tres naos casi frágiles y siguió brotando en el Nuevo Mundo. Todo este prodigio de levantar una civilización a partir de los escombros de Grecia y la religión de Oriente lo mantuvo Roma agregándole el pragmatismo que le faltó a la joven Iglesia y el equilibrio político que le faltó a Esparta y Atenas. Roma jamás tuvo un Estado dentro del Imperio que le disputase poder. Los treinta años que precedieron al nacimiento del Cristo sirvieron a la causa de consolidación del orden tambaleante por disturbios tras la muerte de Julio César. Hay cierto paralelismo entre el César y el Cristo: si Plutarco lo trazó entre César y Alejandro, ¿por qué razón, Alejandro se abstendría de comparar al Cristo con César? El Cristo, según lo insinúan los evangelios fue muerto por determinación de su Padre; César, que ya no tenía padre, murió por orden de su hijo Marco Junio Bruto en los idus de marzo del año 46 a. de C.

Bruto mandó asesinar a su padre por temor a un hombre que se había convertido en dios. Sospecho que la coalición de italianos y judíos crucificó al Cristo que se decía Dios para demostrar que se trataba de un simple hombre. Al César los conspiradores lo acusaron de dictador. Al Cristo, la dictadura del sanedrín lo entregó a Roma como conspirador.

Después del asesinato de Julio César, el César Octavio2 continúa el censo y catastro general que había ordenado el finado emperador. San Lucas menciona este registro en el capítulo 2 de su evangelio como causa eficiente del nacimiento del Cristo en Belén de Judá. Roma recibía gabelas y tributos de todos sus dominios recaudados por funcionarios a los que hoy detestaríamos con la misma fuerza que entonces. Como decía un escritor: "el Estado no es más que un recaudador de impuestos... excesivos"; todos desconfiamos de la vehemencia en la aplicación de reglas que nos confiscan bienes a cambio de males; nadie es íntegramente feliz soportando las decisiones de un equipo de funcionarios que nos prometen felicidad y nos devuelven impuestos, prohibiciones, trámites interminables, restricciones de todo tipo y como si fuera poco nos obligan a opinar masivamente quién es el mejor de una galería de forajidos cada cuatro años perdiendo una mañana de domingo que bien podríamos invertir tomando mates y escuchando tangos. El apóstol Mateo era uno de estos recaudadores impositivos al servicio de Roma en el puerto de Cafarnaum. Judea fue siempre tierra de conflictos para sus dominadores. Alejandro Magno tuvo la inteligencia de no interferir con la tradición religiosa aunque impuso la cultura helenística y es sabido que nada enaltece tanto la moda como parecerse a los patrones; no faltaron acusaciones de "helenizados" para sirios, judíos o egipcios. Tal como lo había presagiado en sueños, cuando murió Alejandro en el 323 a. de C. tuvo funerales sangrientos; sus capitanejos y generales despedazaron el Imperio. Judea tocó en suertes a los Ptolomeos, amos de Egipto y Alejandría. La reacción inmediata no se hizo esperar: el viento del desierto rugió en el Templo de Jahveh. Tal como lo profetizara el teólogo Marx (alguien después que él transformó su doctrina en un catecismo) las clases lucharon. Los aristócratas vestían y se helenizaban como la Corte, mientras el pueblo llano se cobijó bajo la rígida disciplina y tradición de la Torá. La vieja lucha entre progres y tradicionalistas prosiguió hasta que los Antíocos, soberanos y generales de Siria vencieron a los Ptolomeos y se apoderaron del botín: Judea, entre otras provincias y feudos. Ya vemos que "la tierra de promisión de la que mana leche y miel" siempre estuvo en el ojo de la tormenta. Antíoco Epifanes, el seléucida, intentó exterminar el monoteísmo de Judea secundado por la corrupta familia sacerdotal que custodiaba el Templo de Yahveh. Como todo militar prepotente, hizo alardes de sacrilegio introduciendo el sacrificio de cerdos y otras bestias impuras a los sigilosos ojos de Yahveh. Frente al altar colocó ídolos e instaló adivinas, necrománticos, onirocríticos y otras abominaciones para el pueblo Judío. Con esta cadena de perjuicios Antíoco buscaba roer los cimientos de la fe de sus díscolos vasallos ya que sabía perfectamente que allí radicaba la fuerza de Israel. La injuria duró hasta el año 167 a. de C. cuando estalló la rebelión de los Hasmoneos.

¿Qué es, básicamente una revolución? El vulgo considera que revolución es cambio de gobierno por medio de la fuerza. Los politólogos, más minuciosos, nos informan que para hablar de revolución debe cambiar no sólo el gobierno sino las relaciones de poder entre el pueblo y los mandatarios. No basta con canjear un presidente por otro, vicio al que estamos acostumbrados en Latinoamérica porque lo cultivamos con frenesí desde los herrumbrados tiempos de la colonia. No. Una auténtica revolución requiere cambios en las estructuras económicas y sociales de dominantes y dominados. Veamos la historia de los Hasmoneos.

En plena siesta que ráfagas de viento insistente y polvorienta arena quiebran en dos, un dignatario sirio llega a la aldea de Modín-el-Mendiyeh (30 kilómetros al N.O. de Jerusalem, camino a Jaffa) con la misión de consumar una ruindad. El rugido continuo del viento hace volar su túnica púrpura. Lo acompaña un judío apóstata que ha vendido a su Dios a cambio de veinte monedas. Hacen los preparativos para sacrificar una bestia impura para profanar el altar de Yahveh que tiene sus preferencias y sus rechazos en el campo de la zoología. "Nada mejor que prostituir la fe para violar las conciencias", piensa el astuto seléucyda. Cuando la comitiva de los relapsos llega al Templo conmina al sacerdote Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón a consumar el acto perjuro. Pero Matatías, inflamado de ardor y furia degüella sobre el ara perfumada al perjuro, después asesina al seléucyda y destruye el altar mancillado; aliviado porque sabe que es el principio del fin de tanta humillación. Cuando anochece, desde lo alto de un pórtico convoca al pueblo "El que guarde la ley y la alianza, que me siga". Con estas palabras se inicia la revolución de los Macabeos. La historia de sus aciertos e infortunios está en la memoria de la Biblia, pero el celo de los doctores y policías del catálogo sólo admitió como deuterocanónicos (es decir, reconocidos como revelados sólo por la comisión de los setenta y por lo tanto aceptados por el catolicismo; pero rechazados por el judaísmo que los considera libros accesorios, y por los protestantes que ni siquiera los imprimen) a Macabeos I y II. De los apócrifos para todo el mundo, los Libros de los Macabeos III y IV me ocuparé en el apartado "El índice de la Biblia".

Después de la rebelión en el templo, Matatías y sus guerrilleros huyen a las montañas abandonando sus posesiones. Los siguen sus hijos; y los hijos de sus hijos porque la causa ya es generacional; la agonía del orden seléucyda que ellos consideran inicuo desborda la conciencia individual y se transforma en pasión colectiva donde importan menos las personas que los fines. Cuando muere Matatías lo sucede su hijo Judas Macabeo llamado "el Martillo" a quien se evoca en la fiesta de la purificación del Templo o de Jánuca en el año 164 a. de C. (Ver apartado "Jánuca).

Judas muere en batalla en el año 160 a. de C. y lo sucede su hermano Jonatás por poco tiempo ya que lo captura el caudillejo Diodoto llamado el Trifón quien lo asesina camino a Gallad y lo entierra en la nieve. Toma el puesto su hermano Simón como caudillo de la cadena de los Macabeos; y su primer acto de piedad como Antígona es dar digna sepultura a Jonatás erigiéndole un mausoleo de estilo jónico digno de una acrópolis griega. Jonatás, que había perdido la vida luchando contra la helenización es encerrado en un panteón griego; lo que repudió en vida lo consiguió con la muerte. En el año 154 a. de C. muere el último Sumo Sacerdote judío favorable a los sirios seléucydas. Dos años más tarde el caudillo Simón es ungido Sumo Sacerdote, a instancias del rey sirio Demetrio, y el culto del pueblo Judío regresa a manos piadosas. ¿Cómo es posible que los mismos seléucydas pasan de ser corruptores del culto a ser aliados de Simón, su custodio más fiel? La respuesta siempre está en la política, palabra~comodín que sirve en la baraja de la historia para entender cualquier desatino. Cierto hábito semántico erróneo nos hizo creer que "política" es sinónimo o pariente de gobierno, rectitud, probidad, justicia. Si le damos un nuevo giro maquiavélico (es decir, inspirado en el realismo de Nicolás) veremos que política está más cerca de negociación que de bondad. ¿Qué es negociar? Es el simple acto de intervenir en un conflicto de intereses para permitir que tanto la parte A como la contraparte B acuerden una solución que no sea totalmente perjudicial para A ni totalmente beneficiosa para B. Que ambas partes acepten una ganancia y una pérdida a favor de la solución de la disputa y evitando una guerra interminable cuyas consecuencias siempre serán más caras que una solución negociada. ¿Por qué los seléucydas cambiaron su política frente a Israel? Diodoto Trifón, el asesino de Jonatás usurpa el trono asesinando al rey seléucyda Antíoco VI° y autoproclamándose rey de Siria (Autocrátor) en el año 142 a. de C. El sucesor legítimo del difunto Antíoco VI° es Demetrio, el rey que pacta con Simón por aquel viejo principio que afirma que "los enemigos de mis rivales son mis amigos". Solemnemente, el 18 de elul del año 140 a. de C. en Asaramel, ante asamblea, Simón, hijo de Matatías es ungido Sumo Sacerdote, Estratega y Etnarca de los judíos. No lo han nombrado rey, que significa dominio sobre un territorio geográfico ya que su comarca estaba bajo jurisdicción siria, sino etnarca, es decir gobernante de una raza o pueblo en el sentido social, no en el de la agrimensura. Esta autoridad con frontera invisible será un adelanto de la diáspora. En el año 134 a. de C. Simón fue asesinado junto a dos de sus hijos lo sucedió el tercero, Juan Hircano I que conquistó Samaria. A su muerte lo sucedió su hijo Aristóbulo que asumió con el título de Rey, envió a prisión a su hermano Janai que conspiraba contra él, incorporó Galilea a los dominios e hizo devastar el templo de Azoto donde los jebuseos adoraban a Dagón, un dios-pez que nunca habló ni reveló doctrinas.

Muerto Aristóbulo su viuda se casó con el cuñado que estaba en la cárcel política y fueron tan felices que el primogénito de la pareja, Hircano II° continuó la dinastía como Rey y Sumo Sacerdote ya que los seléucydas hartos de rebeliones y revueltas en la tierra prometida decidieron devolver el poder político a sus legítimos dueños; pero cuando todo estaba en paz en la Casa de Jacob, el hermano menor de Hircano II le disputa el poder. En un suspiro de la historia, Roma se adueña de Siria y decide sobre Judea sustentando el principio transitivo: si Siria es dueña de Judea y yo soy dueño de Siria, yo soy dueño de Judea. Los judíos quedan subordinados al Imperio por viejos pactos concertados entre Siria, Israel y Roma en tiempos de Judas Macabeo, el Martillo, el segundo de los Hasmoneos.

Los fariseos nunca perdonaron a Judas Macabeo sus pactos con Roma, expulsaron del canon palestino toda la literatura hasmonea y por esa causa Macabeos I y II no figuran en las Biblias protestantes. Celebran Jánuca pero sin recordar al héroe, la fiesta se hace anónima consumando una venganza de siglos: desterrar del pasado a quien no supo defender el futuro.

Pompeyo impuso en nombre de Roma a Hircano como Etnarca no de Judea sino de los judíos quienes desde entonces sabían que, fuera o dentro de cualquier territorio, exiliado de los espacios pero cautivo de los tiempos, un hombre siempre ampara el orden sagrado y la Ley que es el destino de Israel. El título administrativo de Gobernador de Judea quedó en manos de Antipater, hijo. A la muerte de Antipater lo sucede su hijo, Herodes el Grande como procurador de Judea y gobernador de Galilea. Mitad idumeo, mitad árabe, murió en el año 4 a. de C. detestado por todos. Tuvo seis hijos pero sólo tres sobrevivieron a la furia paterna: Arqualao, quien quedó a cargo de Judea; Herodes Antipas, administrador de Galilea y Herodes Filipo. En el año 6 d. de C. se destituyó a Arquelao por insania, Jerusalén dejó de ser el centro administrativo y Herodes Antipas gobernó desde la fortaleza Cesarea, allí tuvo su encuentro con los magos quienes tuvieron la imprudencia de advertirle que nacía el esperado Mesías y esto desató la matanza de los inocentes.

A quienes interese profundizar este tema de los Hamoneos, les recomiendo los libros de los Macabeos I y II que encontrarán en cualquier Biblia católica. Es un texto servicial aunque viciado de licencias literarias propias de los libros exhortativos. También "Historia del Pueblo Judío" de James Parkes, Edit Paidós, 1965 presta valiosos servicios. El tomo II de "Grandes épocas del Pueblo Judío" de Ralph Marcus y Gerson Cohen, Edit. Paidós, 1975, tiene datos valiosos.

Notas:
1 Epifanía significa "manifestación" en griego e incluye las tres manifestaciones del Cristo ante el pueblo: a) la teofanía (durante la adoración de los Magos); b) la de su divinidad al ser bautizado en el Jordán y confirmado por la voz proveniente del cielo: "Éste es mi Hijo bienamado"; c) el de su taumaturgia, durante las bodas de Caná. El episodio infantil fue ganando lugar y hacia el siglo IV la Epifanía se reducía a celebrar la adoración de los Magos.
2 En el primer apartado se puede leer cómo llega de Octavio a Augusto.

     
       

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