HISTORIAL Género Fantástico y Realismo Indeciso Actualizado: 13-05-2007 
   
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Aproximación al devenir histórico de los fantasmas
en el imaginario de la Cultura Occidental

Visitantes de la Noche
por Fernando Soto Roland

VIII: La Satanización de los Fantasmas

Inscriptos en la antigua tradición de los sueños proféticos, los más viejos relatos de fantasmas —que hemos podido detectar durante la Edad Media— nos los muestran predominantemente noctámbulos, ruidosos, inquietantes, pero absolutamente inofensivos.

Recién a partir del siglo XV este panorama ontológico de ultratumba empezaría a cambiar, y los espectros serían absorbidos por los maleficios de las brujas, convirtiéndose en otros de los tantos agentes del Demonio.

En 1486, dos inquisidores sumamente celosos de su trabajo —Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger— publicaron una de las obras más influyentes y controvertidas de la literatura de demonología, el Malleus Maleficarum o Martillo de las Brujas, que de inmediato pasó a ser un texto de consulta obligada en todos los inquisidores dedicados a la caza y erradicación de la tan temible herejía.

Ese libro, reeditado sucesivamente durante casi trescientos años, reinterpretó la función —hasta entonces inocua— de los fantasmas, catalogándolos como demonios menores, capaces de poner en peligro el alma y el cuerpo de los buenos cristianos.

Al respecto, Kramer y Sprenger, escribieron:

"La nigromancia es la convocatoria de los muertos y la conversación con ellos, como lo demuestra su etimología; porque deriva de la palabra griega NEKROS, que significa cadáver y MANTEIA, que quiere decir hechizo sobre la sangre de un hombre o de un animal, sabiendo que el demonio se deleita en tal pecado y adora la sangre y su derramamiento. Por lo cual, cuando creen que llaman a los muertos del infierno para responder sus preguntas, quienes se presentan y ofrecen esas respuestas son los demonios con el aspecto de muertos" 1.

Como puede observarse con esta cita, lejos estamos de las vagas apariciones de la antigüedad, o de los espectros moralizadores de la literatura europea del siglo XIX. Desde la época del Malleus —o los textos de eruditos demonólogos, como Alfonso Spina (1460) o Nider (1470)— el fantasma se volvió agresivo y quedó asociado con la culpa, el pecado y el castigo eterno.

Visiones espantosas empezaron a desfilar en los libros del siglo XVI, en donde los muertos —envueltos en mortajas y sudarios— asesinaban e incluso devoraban a los audaces pecadores que los convocaban. Lucien Febvre habla de pánicos absurdos y de una sucesión de miedos que influenciaron incluso la literatura autobiográfica de la época. Además, el miedo a los espíritus —que las comadres no cesaban de referir cada vez que podían—, se trasladó a la noche (ahora poblada de hechizos y fantasmas).

"La misma lectura del almanaque era un manantial de temores, dándose cuenta de ello en la propaganda política y religiosa del siglo XVI" 2.

Famosos o anónimos, los hombres y mujeres de las postrimerías de la Edad Media tenían sus ojos abiertos a lo invisible; y por ello desplegaron un arsenal exorcizante de palabras, invocaciones y rezos, a fin de manipular o expulsar del mundo de los vivos las nutridas manifestaciones de la sociedad de los muertos.

El historiador Philippe Contamine recoge un relato de la autobiografía de un burgués de la ciudad de Augsburgo, llamado Burkard Zinck, en el que describe el insólito encuentro con un fantasma, mantenido en un bosque de Hungría (a fines del siglo XIV o principios del XV).

Según Zinck, en cierta oportunidad se internó en la espesura siguiendo a dos caballeros que no conocía, y que le precedían en el camino. A poco de andar, el burgués sostuvo haberles visto desvanecerse, encontrándose de súbito, al anochecer, rodeado por dos jabalís amenazantes ante un lúgubre castillo. Invocando a Dios en su ayuda, el castillo desapareció instantáneamente en el aire, dibujándose a su lado un sendero que le permitió salir de aquel mal trance.

"Comprendí entonces - escribió— que había sido engañado y que había seguido a dos fantasmas al cabalgar tras los dos personajes por el bosque. Al implorarle a Dios y hacer la señal de la cruz, todo aquel simulacro desapareció ante mis ojos" 3.

Los fantasmas engañan, crean ilusiones, manipulan los sentidos. Desorientan y confunden, poniendo en práctica las mil artimañas del demonio para tentar y condenar a los hombres.

El fantasma moderno es también una figura muy interesante desde el punto vista simbólico, ya que sus repetidas apariciones en los textos de la época testimonian la permanente presencia de terrores subjetivos, relacionados con la imaginación y la angustia, que casi siempre quedan asociadas a la idea de Caos y muerte. Este es quizás el motivo por el cual las supuesta apariciones espectrales eran —y son— mayores durante las horas nocturna, momento en el que el sentido de la vista queda atenuado y, por consiguiente, la capacidad de compresión se aletarga; las barreras protectoras a la tentación se debilitan y las pulsiones inconscientes del individuo pujan por manifestarse en actos y pensamientos "prohibidos". Paralelamente, se experimenta un aumento del temor al castigo (muy propio cuando entre el deseo y las prohibiciones se produce un desequilibrio).

El fantasma simboliza una ruptura en el plano ético / religioso, ya que rompe con la supuesta paz eterna en el Más allá, fracturando el ascetismo postmortem , tan difundido por el cristianismo. El espectro, asociado así al mundo terrenal, queda conectado con lo material, con el mundo de las cosas, testimoniando —indirectamente— cierta insatisfacción por la vida eterna en el Reino de los Cielos.

Conocer las causas de esa insatisfacción se convirtió en la meta de muchos estudiosos, que pretendieron enfrentar exitosamente el regreso de los muertos.

Un manual de exorcismo escrito por el Dean de Tornai, hacia 1450, titulado Livre D'Egidius, contiene una serie de preguntas para hacer a los "condenados". Preguntas que denotan una confusa relación entre curiosidad y temor.

Algunas de las consultas son las siguientes:

"A un alma del Purgatorio:

1] ¿De quién eras, o has sido, el espíritu?

2] ¿Hace mucho que estás en el Purgatorio? (...)

13] ¿Por qué has venido aquí y por qué te apareces aquí y no en otra parte?

A un condenado:

1] ¿Por qué has sido condenado a suplicios eternos? (...)

5] ¿Tratas de aterrorizar a los vivos?

6] ¿Deseas la condenación de los vivos? (...)

9] En el infierno, entre los sufrimientos, ¿cuál es el más pesado? (...)" 4.


Esta cita señala un hecho a tener muy en cuenta: en el imaginario de la época —siglo XV— no sólo era posible evadir los muros permeables del Purgatorio, sino que el infierno mismo parecía haber perdido su carácter de lugar herméticamente cerrado. Aparentemente, con el permiso de Satanás, los espectros más nefastos podían manifestarse ante los vivos, causando angustias y terrores sin par.

Durante el siglo XVI —y dentro de la inmensa bibliografía referida al tema de la brujería y la demonología— es factible encontrar un número bastante significativo de libros (o capítulos de libros) que tratan específicamente el tema de los fantasmas. No todos sus autores son fervientes creyentes; algunos critican la credulidad exagerada; otros, con tono irónico, se burlan explícitamente de dichos relatos, intentando las primeras explicaciones racionales al tema. Por último, un grupo mayoritario fluctúa entre la credulidad y el escepticismo, evidenciando una vacilación intelectual muy propia de un período en que la razón empezaba a resolver problemas que antes no se planteaban como tales. La posibilidad de negar la influencia real de lo invisible en la vida cotidiana se hallaba obstaculizada por la inexistencia de herramientas conceptuales adecuadas, y aceptadas por todos.

Pierre de Loyer, Consejero de la Sede Presidencial de Amberes, escribió en 1586 un tratado sobre espectros, apariciones, ángeles y demonios, de gran impacto en su época. La obra, Livre des Spectres ou Apparitions et Visions d'esprits, Anges et Démons se monstrant sensiblement aux Homex (Amberes, 1586), plantea una interesante diferenciación entre dos términos que, generalmente, se toman por sinónimos: "fantasmas" y "espectros".

De Loyer sostiene que

"El fantasma es el producto de la imaginación de insensatos o melancólicos que se persuaden de lo que no es; en tanto que un espectro es una verdadera imaginación de una sustancia sin cuerpo que se presenta sensiblemente a los hombres en contra del orden de la naturaleza y produce espanto" 5.

Con este párrafo, el autor acerca sus opiniones a escritos que —como los del español Torquemada, en Jardín de las Flores Curiosas (1570)— pretendían probar la influencia del Demonio en los casos de fantasmas. Para ello acudían a los muchos ejemplos que empezaban a circular por distintas partes de Europa.

Cuenta Torquemada que en la ciudad de salamanca existía una casa, en la que vivían dos jóvenes de "singular belleza", donde empezaron a escucharse extraños ruidos. Inquietos por ello, llamaron al alcalde y otros veinte hombres para registrar la propiedad.

"[...] Y hetelos aquí que apenas habían llegado [...] se oyó un gran ruido y empezaron a lanzarles piedras, obligándoles a dar saltos, más sin hacerles ningún daño. Volvieron a comprobar cuál era la causa de tal lluvia de piedras; más aunque no encontraron a nadie, siguieron cayendo [...]. Uno de ellos sintiéndose más osado, lanzó una piedra hacia la casa diciendo: si esto es obra tuya, oh Diablo, arrójame esta piedra. Y cuando esto ocurrió ya no quedó ninguna duda de que la casa estaba invadida por demonios [...]" 6.

Espectros y endemoniadas entidades invisibles eran hechos de la realidad en el universo mental de los dos autores citados. Si bien de Loyer pretendía hacer una clara diferenciación entre ilusiones insustanciales y seres sin cuerpo, tiende a inclinar la balanza hacia los últimos, reconociendo así la posibilidad de tener potenciales y espantosos encuentros con espectros. Tanto es así que en otro de sus párrafos indica:

"Sí hay miedo justo y legítimo a los espíritus que se aparecen en una casa, perturban el reposo e inquietan en la noche, por tanto, si el miedo no hubiese sido vano y el inquilino tuviera alguna ocasión de temer, en tal caso, el inquilino quedará libre de los alquileres pedido [...] 7.

Como jurista, de Loyer se vio forzado a discurrir sobre las responsabilidades que tenían los inquilinos que —ya sea por causa de ilusiones o fantasmas molestos— abandonaban las casas arrendadas antes del plazo estipulado por el contrato. Estas disposiciones judiciales crearon, a comienzos de la modernidad, una bien documentada jurisprudencia que inclinó a los abogados y jueces a favor de aquellos que denunciaban "molestias sobrenaturales" en sus hogares.

Así, los fantasmas —o mejor dicho, los espectros, respetando la clasificación dada por el Consejero de Amberes— pasaron a ser parte de los expedientes judiciales de la época.

Pero también es cierto que existieron detractores a tales creencias, que intentaron explicarlas de otra manera.

En un libro escrito por Loys Lavater, un ministro protestante de la iglesia de Zürich, pueden encontrarse argumentos de orden teológicos (no jurídicos) que echan por tierra la tradicional certeza de las apariciones.

Lavater, al negar —como protestante que era— la existencia del Purgatorio, elimina de plano la posibilidad del regreso. Así mismo negaba rotundamente el hecho sugerido en el manual de exorcismos antes citado, respecto de poder salir del Infierno; ya que —según él— nadie recibía ayuda en los dominios de Satán.

Para combatir los argumentos de sus enemigos confesionales, Loys Lavater publicó —en la segunda parte del siglo XVI— una serie de libros, de gran tirada en su época. El primero es de 1570 y llevaba por título: De Spectris, Lemuribus et Magnis Insolitis Fragonibus [Ginebra]. Un año más tarde, en 1571, la imprenta de Fr. Perrin le publicó una colección de tres tomos, titulada Trois Livres des Apparitions des Esprits, fantosmes, Prodigues et Accidens Merveilleux qui précedent souventes fois la mort de qualques personaje renommé aun grand changement es coses de ce monde. Finalmente, en 1659, volvió a publicarse su primer tratado, aunque con el título cambiado: Theologi eximii de Spextris, Lemuribus, Variisque Praesationibus tractatus vere Aureaus8.

Contemporáneos de Lavater, otros autores, como Cardan (1550) o Pomponazzi (1556), avalaron su postura, pero desde ángulos distintos.

El primero, intentando explicaciones seudo-naturalistas (para Cardan los fantasmas serían producto de la exhalación de los vapores de lo cadáveres); el segundo, afirmando que eran ilusiones visuales o errores de apreciaciones auditivas.

Estas hipótesis —que de alguna manera racionalizaban el misterio— perdieron influencia cuando desde fines del siglo XVI —y hasta bien entrado el siglo XVII— la Gran caza de Brujas9 se expandió por Europa. A partir de entonces las obras publicadas alinearon sus argumentos detrás de textos que, como el Malleus Maleficarum, hicieron de los fantasmas manifestaciones ciertas y verídicas del Maligno.

Sólo a partir de los siglos XVIII y XIX, cuando la creencia en las brujas y en el demonio cayó en el descrédito, empezaron a reaparecer testimonios escritos de duendes, como fenómenos ajenos a la brujería.


Notas:
1 Kramer, Heinrich y Sprenger, Jacobus, Malleus Maleficarum, Ediciones Orión, Buenos Aires, 1975, pág. 104.
2 Febvre, Lucien, El Problema de la incredulidad en el siglo XVI: la religión de Rebeláis, UTHEA, México, 1959, pág. 358.
3 Contamine, Philippe, "Aproximación a la intimidad, Siglos XIV y XV" en Historia de la Vida Privada, tomo 4, Editorial Taurus, Buenos Aires, 1990, pp. 314-315.
4 Citado por J. Delumeau, op.cit., pág. 126.
5 Citado por J. Delumeau, op.cit, pág.123.
6 Citado por Rossell Hope Robbins, Enciclopedia de la Brujería y Demonología, Editorial Debate, Madrid, 1988, pág. 241.
7 Citado por J. Delumeau, op.cit., pág. 123.
8 Citado por Roland Villeneuve en "Bibliografía demoníaca" en Estudios sobre el adversario de Dios, Editorial Labor, Barcelona, 1975, pág. 239.
9 Véase, Levack, Brian, La Caza de Brujas en la Europa Moderna, Editorial Alianza, Madrid, 1995.

     
       

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