HISTORIAL Género Fantástico y Realismo Indeciso Actualizado: 13-05-2007 
   
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Microrrelatos

Vida Domestica
por María Rosa Lojo

Golpeando a las puertas del cielo

"Knock, knock, knocking at Heaven's door..."

               Eric Clapton

Golpeando a las puertas del Cielo para pedir prestada una taza de azúcar, medio limón, un vino, dos cucharas de aceite necesarias.

Golpeando a las puertas del cielo, vecina de intemperie, elevando bandejitas de súplica con una lista de pequeños dones que un Mano se niega a conceder.

Y la voz educada contesta - El Señor no está, el Señor ha salido, yo no puedo darle nada en Su Nombre, vuelva mañana por la mañana, a esa hora encontrará al Señor, muy temprano, antes del alba-.

Ella baja, humillada con furia, quebrando las ramas del árbol por donde ascendió - acaso algunas no vuelvan a retoñar y la escala se corte-. Ella se arroja sobre la tierra estrujando su papel en las manos con la taza vacía. Nunca ha llegado tan temprano para encontrar al Señor, nunca llegará. El sabe que la codicia de la suplicante no tiene medida, que el azúcar y el vino y el aceite se escurren por el hueco del deseo y que todos los dones arderán vanamente en alambiques de transmutación.

Pero ella volverá a golpear a las puertas del Cielo pidiendo una taza de azúcar para engañar la boca de la muerte, y un vino oscuro para encerrar al tiempo en la fiesta del cuerpo y una sal de memoria para grabar el aire de los días que fueron, mientras sube, torpe obstinada por el árbol roto, envejeciendo, en bata de dormir, con pantuflas de invierno, a golpear la puerta del Señor que reserva sus secretos.


Estructura de las casas

Dentro de un dedal había un salón de costura donde la abuela bordaba rosas cuando era una niña obligada a quedarse del revés de la luz para no que no la distrajesen los ruidos del mundo.

Dentro de una foto del padre había un joven que regresaba a las montañas cruzando campos ardidos por la guerra, y había cuerpos acabados de fusilar pudriéndose en el fondo de las pupilas.

Detrás de un guante viejo había un hermano desaparecido, en un pastillero vacío acechaba la locura; sobre los platos cascados comía una familia sentada en torno de una mesa de roble; dentro de un cofre la madre guardaba cartas de pretendientes, y con las cartas esperanza y pobreza y plumas que avanzaban despacio sobre el papel rugoso de las vidas pasadas.

En tu historia había historias imposibles de limpiar y cuartos cerrados que no se abrirían nunca porque las estructuras de las casas son cajas chinas interminables y concéntricas y de la misma manera misteriosas.


Cualidades del invierno

El invierno es redondo como una nuez y hueco como un planeta de cristal donde soplan vientos furiosos. Pero en su centro cálido hierven los frutos del mar y de la tierra y se reúnen los fugitivos de la intemperie.

El invierno es una casa que guarda en los cajones las memorias del amor más antiguo, y una temperatura de regazo y una voz anterior a la palabra que envuelven al durmiente con su ovillo de seda.

Los cuerpos del invierno se enlazan en profundos parentescos, se tejen como mantas para prestar amparo, se iluminan como candiles para guiar al que tropieza en su silencio buscando abrazo.


Borrar las huellas

Ella avanza en la casa de la mañana borrando huellas: el roce de los labios sobre los vasos, la marca de las suelas sobre pisos brillantes, el peso y la respiración de los cuerpos en las sábanas que se retiran. Luego se mira en el espejo del cuarto y se limpia la cara con las manos.

En la luna serena sólo esas manos quedan, inmortales, ensayando los gestos que hacen al mundo volver a su principio.



     
       

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