HISTORIAL Género Fantástico y Realismo Indeciso Actualizado: 13-05-2007 
   
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La Espada de Welleran, de Lord Dunsany

por David Moñino Bermejo

Esta recopilación de relatos de Lord Dunsany, cuyo título recibe del primer relato que lo compone, recoge una selección de algunas de las mejores obras cortas del autor. "La espada de Welleran", "La caída de Babbulkund", "La parentela de los elfos", "Los salteadores de caminos", "En el crepúsculo", "Los fantasmas", "El remolino", "El huracán", "La fortaleza invencible, salvo que Sacnoth la ataque", "El señor de las ciudades", "La condenación de la Traviata" y "En tierra baldía", son los doce títulos que PulpEdiciones ha escogido para conformar la obra.

Con "La espada de Welleran" se habla de la protección que una vieja estatua, de unos antiguos héroes, es capaz de soliviantar el ánimo de cualquier enemigo, y ser al mismo tiempo señal del tesoro que la ciudad propietaria se supone que custodia.

En "La caída de Babbulkund" se relatan las maravillas de una ciudad de leyenda, condenada como lo fueron las ciudades de la antigüedad de nuestro propio mundo. Relatada con un estilo que recuerda claramente el utilizado por los libros sagrados de muchas religiones con vigencia aún en la actualidad.

"La parentela de los elfos" trata de relatar lo que acontece a una criatura que reniega de su propia raza, rechazando los beneficios físicos y espirituales que derivan de ser ese tipo de criatura. Y cómo se pueden cambiar su aspecto, para parecerse e integrarse con otros, pero cómo la esencia de un ser permanece en este, a pesar del cambio.

"Los salteadores de caminos" habla, en un lenguaje puramente figurado, del arrepentimiento del espíritu por las malas obras cometidas, y de la levedad de la recompensa que llega con la admisión de la propia culpa. Y de cómo los que quedan vivos, continúan con sus actos en la ignorancia de su propia existencia.

Con "En el crepúsculo", el autor nos muestra la certeza de la muerte, la intención de escapar de esta por todos los medios, y al final, cuando se es consciente de que no hay nada que hacer, la sobrevenida de la aceptación.

En "Los fantasmas" se cuenta cómo la lógica acaba venciendo a los temores del engaño de las supersticiones.

"El remolino" no es más que la excusa para el ínfimo diálogo idealizado de ciertos fenómenos que, aún siendo legendarios, no dejan de tomar un cariz de naturaleza viva. Lo sigue "El huracán", como si de una rápida continuación, casi en forma de micro relato, se tratara.

"La fortaleza invencible, salvo que Sacnoth la ataque" es el intento superfluo de llevar el cuento de caballerías, en su extensión al héroe solitario, a una mínima expresión, pasando como tal desapercibido.

En "El señor de las ciudades" se cuenta la aceptación de la naturaleza para servir al hombre, en busca, ella misma, de un propósito final, de la espera de un destino idílico. El autor reitera su intención de personificar con estos diálogos a las fuerzas de la naturaleza.

Con "La condenación de la Traviata", se nos muestra de nuevo una fantasía de entes inexistentes, que afanosos tienen en cuenta la existencia y la razón de su propio ser.

"En tierra baldía" cierra la recopilación con otro relato de corta duración, que como el anterior, trata de escenificar la posible existencia de seres que se saben a sí mismos inexistentes.

Después de haberla leído, puedo decir que ha supuesto para mí un aliento refrescante al espíritu. Un soplo de aire que barre el barullo mental de otras obras más densas, aunque de menor profundidad.

Puedo decir que es una buena antesala para quien quiera conocer la obra de más extensión de Lord Dunsany.

     
       
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