HISTORIAL Género Fantástico y Realismo Indeciso Actualizado: 13-05-2007 
   
   En Axxón:

LA SOMBRA DEL CIELO
por Enrique Solinas
1º Premio del Concurso para Docentes del GCBA del Año 2004

Con la hermana nos tiramos sobre el pasto para contemplar el Universo, es decir, para mirar el cielo y ser testigos de ese espectáculo impresionante que sucede en cada atardecer, cuando el sol desciende lento y pesado hasta caer como un muerto detrás del horizonte y así mirar en lo oscuro a cada una de las constelaciones en su esplendor, sí, las estrellas, los puntitos brillantes que sostiene en su cuerpo la noche. Nos tiramos en el pasto, boca arriba, tomados de la mano para que tanta grandeza no nos succione hasta hacernos desaparecer, mientras la luna con su luz prestada nos baña y nosotros nos sentimos como dos actores que observan desde el escenario a un público listo para nuestra actuación. Antes de hablar para hacer algún comentario, nos apretamos levemente la mano, como si tuviéramos miedo de romper el silencio.
      —¡Allá, es la Cruz del Sur!
      —¿Estás segura?
      —Sí, tal vez ahí esté mamá.
      Porque sabíamos, aunque no la habíamos visto, que desde que se fue mamá existía en el otro lado, se lo escuchamos decir a alguien y nosotros lo creíamos así, en algún lugar del Universo mamá se encontraba cuidándonos para que nada nos pase, contemplándonos para que no estemos tan solos, vigilándonos para que no nos portemos mal y hagamos lo que tenemos que hacer. Por esta razón, odiamos los días nublados. ¿El cielo todo gris, ocultando las estrellas, nuestra única razón de vivir? No, no lo podemos aceptar. En cambio, nos emocionan hasta la desesperación esos atardeceres con algunas nubes, cuando la luz del sol se mezcla con ellas y muchas veces aparece el color lila, rojo, naranja, y nosotros miramos extasiados toda esa belleza sin que nuestras palabras la puedan aprehender. "¿Cómo es posible?", decimos con la hermana o lo pensamos, al mismo tiempo que recordamos las clases de pintura en el colegio, cuando tratábamos de imitar lo imposible y nuestros trabajos eran malos bocetos que nos producían frustración.
      Un apretón de manos:
      —¡Allá, Venus!
      —Ese es un planeta, no vale.
      —Pero es un planeta lindo y puede ser que mamá lo elija porque es más grande.
      —No, es en las estrellas. Si agregamos a los planetas, se pone más difícil.
      Y lo difícil, en realidad, era no pensar en mamá. Desde su ausencia todo quedó como estaba, su camisón preferido sobre la cama, listo para contener cualquier sueño; las pantuflas al costado; el vaso con agua; el ropero entreabierto y su espejo a la espera de ella para devolverle la imagen. Todos los objetos la reclamaban, como también nosotros. Por eso mantenemos su cuarto limpio, prolijo, intocado e intocable.

II

Cerca del sol se encuentra la constelación de Géminis, conformada por las estrellas Castor, Pólux, Wasat, Mekbuda, Alhena, Mebsuta, Alzir, Propus y otras que todavía no poseen nombre, pero que se las denomina con letras del alfabeto griego o a veces es un número que sirve para su clasificación. Su forma central es parecida a la de los cometas chinos, es decir, se trata de un rectángulo con cola en forma de látigo. Saturno se interpone en el nacimiento de la cola, pero no forma parte de la constelación porque es un planeta. Hacia el sur está la constelación del Perro Menor y más abajo la del Perro Mayor, cerca del Lobo y de la Paloma. Pero la que más nos gusta es la Hydra porque se parece a una serpiente. Su nombre se lo debe a la Hydra de Lerna, hija del gigante Tifón. Tenía nueve cabezas y su cuerpo era enorme. El segundo trabajo de Hércules consistió en matar a la Hydra. Cada vez que le cortaba una cabeza, le crecían tres. Aunque nadie nos lo había dicho, con la hermana estábamos convencidos de que algo así podía suceder con mamá, en el momento menos esperado la madre aparecería multiplicada en el lugar de las estrellas y el cielo se transformaría en una gran madre, la cara de la madre para siempre en el resplandor que atrapaban nuestros ojos y nuestros ojos podrían por fin descansar en paz. Pero en el final de la historia de Hércules, la Hidra muere. Juno, viendo que Hércules estaba a punto de vencer, envió contra él un cangrejo marino que lo picó en el talón. El héroe —para nosotros un simple asesino— aplastó con el pie al enorme crustáceo que, colocado por la diosa en el seno de los astros, forma hoy la constelación de Cáncer, cerca de Marte y de Mercurio. Las estrellas que éste posee tienen varios nombres y hay otras que nadie supo como llamarlas. Su aspecto es como el de un cangrejo, pero a mí se me hace que se trata de una jirafa sin cabeza. Para la hermana es un punto atravesado por líneas que provienen de la imaginación.
      Lo cierto es que nosotros estudiamos todo lo que tiene que ver con el cielo porque sabemos que en algún rincón del universo está mamá, y por esta razón necesitamos saber.

III

El primer signo de la madre sucedió cuando nosotros no estábamos en la casa. Fue una noche estupenda. El cielo más que diáfano nos dejaba ver su cuerpo a la perfección. Hasta en un momento con la hermana tuvimos la sensación de caer hacia arriba. Luego ella comentó algo así como que la noche era el cabello de Dios y que las estrellas eran liendres o caspa o algo parecido. Nos reímos. Mejor liendres, le dije, porque tienen la vida en potencia.
      Cuando entramos a la casa no nos dimos cuenta de nada, pero después de un rato comprobamos que estaba encendida la luz del cuarto de mamá. Nos convertimos en estatuas por un momento. Nos miramos y sonreímos. Fuimos de la mano hasta el cuarto de ella, apagamos la luz y nos metimos en la cama. Esa noche dormimos con una sensación parecida a la felicidad.

IV

El universo esta compuesto por el sol y alrededor de él giran los demás elementos que lo conforman: los planetas, sus lunas, las constelaciones, sus estrellas. El movimiento giratorio sucede sobre sí mismo en cada uno de los elementos y estos en su conjunto giran de izquierda a derecha. Todo está en orden si hay movimiento y cada movimiento sucede a la velocidad esperada. Esta velocidad posee un tiempo y un espacio, y cada elemento posee un sonido que el hombre desconoce, pero que nosotros lo hemos escuchado.
      Cada cosa existe porque posee una nota musical que lo justifica. De esta manera podemos afirmar que el universo es como un pentagrama, del cual se sostienen todos los elementos. Si uno se ausentara, la melodía dejaría de existir. Por ejemplo, el sol, el principio de todo. Es por eso que nosotros buscamos desesperadamente nuestro origen.

V

El segundo signo de la madre apareció una noche de lluvia. Con la hermana estábamos malhumorados y seguros de que la lluvia también mojaba las estrellas. Esto implicaba el peligro de que las apagara como si fueran velas de un cumpleaños que hacía mucho tiempo nadie festejaba en esta casa. Hasta suponíamos que algunas se cubrirían de agua hasta desaparecer, por eso nuestro deber era observar el cielo y velar por ellas, contemplarlas hasta que los ojos se cierren por el sueño, dormir y soñar con ellas, despertar y volverlas a ver, contabilizar las presentes y detectar a las ausentes, siempre así, cada noche de nuestras vidas teníamos que comenzar esa labor infinita.
      Mientras dormíamos, sentí ruidos en el cuarto de mamá. Me senté en la cama. La hermana se había despertado antes.
      —¿Escuchaste?
      —Sí.
      Fuimos despacio hasta su cuarto y abrimos la puerta con lentitud. Prendimos la luz y todo estaba en aparente orden. Durante un rato largo nos quedamos observando los objetos, tratando de detectar el detalle que nos daría el indicio de mamá.
      Fue la hermana la que se dio cuenta. Me hizo una seña y estiró su brazo hasta el respaldo de la cama, luego hasta la mesa de luz, después hasta el vaso de agua que ahora estaba vacío.

VI

Yo no me acuerdo bien y la hermana tampoco, es como un sueño pero como cuando no tenés sueño, y parece que te dormís y no te dormís o ya estás dormido. Los ojos se te cierran, no das más y luchás, aunque es inútil, y te parece que estás soñando cuando la verdad es algo mucho más y mucho menos que un sueño. Es un rompecabezas de imágenes que se nos presentan y que nunca terminamos de reconstruir. Creo que nuestra aversión al agua nació el mismo día en que se fue mamá. Viajábamos los tres, ella manejaba. Cantábamos una canción para que no se quede dormida o tal vez ya estaba dormida y no nos dimos cuenta. Primero un golpe, luego la visión de un árbol. El auto giraba como un trompo hasta que se detuvo y el agua entraba por todos lados.
      No sabemos bien cómo hicimos, pero con la hermana comenzamos a nadar por la oscuridad hacia la luz. Otros autos se detuvieron y enseguida vino la policía, una ambulancia, mucha gente alrededor, la policía haciendo preguntas, la madre llorando y entrando a la ambulancia. Con la hermana regresamos a la casa, pero ella jamás regresó. Además de no dejarnos ver las estrellas, el agua nos trae este recuerdo.

VII

Hoy percibimos el tercer signo de la madre. Primero sucedió una revolución en el cielo, al principio no entendíamos porqué. El Perro Mayor aceleró su travesía y amenazaba con alcanzar al Lobo que —cosa extraña— se superpuso con la Paloma. Cáncer no caminaba al revés y la Hydra se extendió hasta formar una línea horizontal, parecía ser lo único que existía en el cielo. El sol brillaba más que de costumbre y la noche parecía el día, y comenzó a caer una especie de niebla que picaba los ojos. Con la hermana nos asustamos, temíamos lo peor: una inundación, un diluvio, el caos como nueva forma de orden del universo y nosotros como un público perplejo que no entendía lo que estaba presenciando.
      Comprendimos mejor cuando miramos nuestra casa y vimos cómo la luz del cuarto de mamá se encendió y se apagó tres veces.
      Con la hermana nos miramos y sonreímos.
      Nos levantamos del pasto y, por el camino que conduce hasta nosotros, la figura de algo que parecía ser una mujer avanzaba en silencio, y parecía que no avanzaba, y de repente estaba más cerca de lo que creíamos y al instante siguiente parecía demasiado lejana. Sus brazos estaban extendidos y trataba de hacerse paso entre la niebla. Cuando estuvo cerca, no necesitamos de palabras para confirmar lo que estábamos contemplando, el brillo en su rostro, las estrellas, el universo en sus ojos, nuestro deseo hecho realidad, la certeza de que nadie ni nada nos iba a volver a quitar lo que era nuestro.
      Corrimos hasta ella y la abrazamos, y lloramos los tres.
      —¡Mamá, mamá! —gritamos.
     —Hijos míos, los quiero tanto. Sin ustedes, el mundo se volvió un lugar insoportable, sin sentido.


     
       
Inicio