HISTORIAL Género Fantástico y Realismo Indeciso Actualizado: 13-05-2007 
   
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Por qué Escriben los que Escriben 

Parte XIV: “La Palabra Extraña” 

por Ana Von Rebeur 

En Octubre de 2006 viajé invitada a participar en la XXIII Muestra de Humor Gráfico Internacional, organizada por la Fundación de la Universidad de Alcalá de Henares. El tema de la exhibición era “Violencia de genero”, y yo tendría que hacer un par de ponencias sobre el tema, porque  además de  ser expositora en la muestra central, llevaba una muestra internacional de 300 trabajos sobre la situación de la mujer en el mundo.

Investigando para preparar mi ponencia, antes de partir hacia España encontré en la web una palabra en español que jamás había visto en mi vida: “carpetovetónico”.

El diccionario de la Real Academia Española la define como “adj. Dicho de una persona, de una costumbre, de una idea, etc.:Que se tienen por españolas a ultranza, y sirven de bandera frente a todo influjo foráneo. Usado mayormente en sentido despectivo.” En otro sitio lo encontré como “dícese de aquello que rechaza todo lo que no sea absolutamente español”.

Navegando un poco más, descubrí que esta palabra proviene de los primeros habitantes de Iberia: los carpetanos y los vetones, dos etnias agrícolas y cazadoras muy anteriores a las colonias romanas. Los vetones poblaban el oeste, entre los ríos Tajo y Duero, pegados a las tierras habitadas por el pueblo lusitano. Los vetones dejaron esculturas de animales en piedra llamados “verracos”, entre los que se encuentran los famosos Toros de Guisando.

Los carpetanos habitaban el centro de España, dentro de lo que hoy es Alcalá, Sigüenza y la Sierra de Guadarrama Tenían como vecinos por el sur a los oretanos, por el noreste a los celtíberos. Pero se sabe poquísimo de esta gente, sólo lo que escribieron de ellos los historiadores romanos, hablando de los primeros  habitantes de la península.

Tanto me fascinó la palabra nueva, que me propuse decirla en alguna de mis presentaciones en Alcalá. Estuve ensayando fórmulas, como por ejemplo “Gracias por invitarme a participar de este evento y demostrar con ello no ser nada carpetovetónicos”. No era una frase memorable, pero al menos me servía de pretexto para darme corte pronunciando tan rimbombante palabra ante un auditorio español.

Finalmente, un día me tocó compartir el escenario con la escritora Rosa Regás, Premio Nadal, Premio Planeta de España y actual Directora de Bibliotecas de España.

 Para mí fue un honor enorme hablar de la situación de la mujer en el mundo junto a Rosa, que dio un discusro directo, sin pelos en la lengua y demostró estar muy informada al respecto. Aunque muchos prefieran hacer la vista gorda, el 13 % de mujeres en Europa sufren violencia doméstica. En Francia muere una mujer cada tres días – según el diario Le Monde – por los castigos a los que la somete su pareja. Por violencia contra las mujeres, Amnesty dice que hay una cantidad de víctimas que cada cuatro años igual a la del genocidio nazi. A las mujeres nos están matando en todo el mundo.

Rosa sabía de esto, conocía los datos, y cuando alguien los puso en tela de juicio, ella dijo “por favor, no seamos tan carpetovetónicos”.

Yo abrí los ojos como platos sin poder creer lo que escuchaba.

Una vez finalizada la conferencia, un par de amigos españoles que estaban en el público me preguntaron por qué puse esa cara cuando hablaba Rosa. Les expliqué el motivo : escuchar  de boca de Rosa la palabra que había descubierto hacía solo una semana.

¿Qué fue lo que dijo? – preguntaron ellos

Eso de “no seamos tan carpetovetónicos”.

Yo no escuché tal cosa.

Pero lo dijo.

-   ¿Y eso qué es?

Mis amigos ni siquiera la habían escuchado.

Eso me hizo pensar que tal vez sólo escuchamos lo que conocemos.

Y sólo leemos lo que entendemos.

 

Muchas veces, como escritores, queremos usar la palabra difícil, la frase rara y el tema extraño. Y nos encontramos con que los editores nos piden que escribamos de los temas de los que todos hablan, de los que todos escriben, con un lenguaje habitual.

Su temor es que acabemos diciendo cosas que nadie entienda por resultar demasiado ajenas al conocimiento o al interés del lector común.

Pero así como todos los escritores queremos escribir para que nos entienda la mayor cantidad de lectores, también soñamos con usar conceptos nuevos y que nos publiquen ese libro distinto que logre que un lector abra los ojos con asombro, como los abrí yo cuando Rosa dijo la palabra extraña. Tal vez debamos ser muchos más los que nos animemos a proponer cosas nuevas, para que lo que antes parecía extraño, acabe siendo familiar y necesario.

     
       
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