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| HISTORIAL | Género Fantástico y Realismo Indeciso | Actualizado: 13-05-2007 |
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Octava Entrega de “La Salvación después de Noé” por Alejandro Maciel
Sin
comas, como escribían los griegos y el arameo, la frase se presta a dos
lecturas. Si soy protestante y pienso que las almas van a Dios el mismo día en
que muere la gente, mi lectura será así: 1) «Verdaderamente te digo: hoy
estarás conmigo en el Paraíso». En cambio, si algún obispo me enseñó que
cuando nos morimos quedamos en un estado latente esperando algún día el Juicio
Final en el que seremos recompensados o castigados según nuestros méritos, mi
lectura será ésta: 2) «Verdaderamente te digo hoy: (después del Juicio
Final) estarás conmigo en el Paraíso». El punto está en qué significado le
damos al “hoy” pronunciado por el moribundo Cristo. ¿Dijo al ladrón:
“hoy te aseguro tal y tal cosa”? ¿O le dijo: “te aseguro que hoy mismo
estarás conmigo…”? Resumiendo:
el catálogo humano de selección de los escritos inspirados por el Espíritu,
produjo tres grupos de textos. 1)
Protocanónicos: aceptados por judíos, católicos y protestantes gozan de
consenso unánime. Eran los libros del Antiguo Testamento que estaban
registrados en el canon palestino, escritos íntegramente en hebreo sin
intervención de lenguas foráneas. 2)
Deuterocanónicos: son textos que sólo estaban registrados en el canon alejandrínico,
de la diáspora; no cuentan con originales escritos en idioma hebreo ni arameo,
que eran las lenguas de Jahveh. La Comisión de los Setenta los respaldó después
de analizarlos exhaustivamente y así gozan de la autorización de la Iglesia
Católica pero no de las sinagogas ni los templos protestantes ya que el
agustino Martín Lutero, siguiendo su vocación contumaz contra la autoridad
papal, los tildó de “sospechosos” y los expulsó de la Biblia de las
Iglesias Reformadas. Son deuterocanónicos los libros: I y II de Macabeos, Tobías,
Judit, Libro de la Sabiduría, Eclesiástico o Ben Sirá (no debe confundirse
con Eclesiastés, que es protocanónico), Baruc (con la Carta de Jeremías) y
algunas adiciones a los libros de Ester y Daniel. Era tradición en las
sinagogas (que heredaron las mezquitas) conservar en un depósito sepultado los
viejos papiros o pergaminos con los textos sagrados ya que el arrojarlos a la
basura incurría en franca impiedad, considerando que era la palabra de Dios. En
1896 se exhumó en una sinagoga de El Cairo algunas páginas del original en
hebreo de Eclesiástico, hoy conocido como manuscrito de Geniza, y en Qumrán
apareció un fragmento del original de Tobías lo que dio la razón a la Comisión
de los Setenta. La Iglesia Católica fijó el canon definitivo de la Biblia en
la cuarta sesión del Concilio de Trento, en 1546. 3)
Apócrifos: hay libros espurios tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. No
están reconocidos por ninguna autoridad eclesiástica y únicamente sirven al
propósito de ilustrar acerca de la época, como cualquier obra literaria
surgida de la imaginación. Ignoro por qué razón Macabeos IIIº y IVº pasaron
a este grupo. Existen apócrifos del Antiguo Testamento cuya autenticidad se
sigue debatiendo por estar en línea con los libros admitidos en el canon. En
cambio, los apócrifos del Nuevo Testamento son casi todos visibles disparates
que hasta un profano absoluto como yo detecta como evidentemente fraudulentas.
Desde evangelios que hablan del Cristo en términos de eones y energía cósmica
hasta cartas de Poncio Pilatos a Cristo, de Cristo a Poncio, de Poncio a Tiberio
llenas de insensatez y flaca cordura. Dios nos salve de su lectura.
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