HISTORIAL Género Fantástico y Realismo Indeciso Actualizado: 13-05-2007 
   
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Ensayo Ganador del 1° Premio de la “Asociación Internacional de Fantasía en las Artes” (www.iafa.org) en la Categoría "Mejor Ensayo Académico sobre el Fantástico en Lengua no Inglesa"

Las Utopías Literarias Argentinas en el Período 1850-1950

por Carlos Abraham 

Parte 1: Definición Genérica

La utopía (nombre que proviene del término griego ou topos, que significa no-lugar o lugar inexistente) es un género literario cuyo objetivo es la construcción imaginaria de una sociedad. Propone un mundo alternativo al real, bajo la forma de una ficción narrativa. El grado de ficcionalización permite distinguir dos grupos: las utopías estáticas (Tomás Moro, Francis Bacon), que se limitan a describir instituciones, adelantos sociales e invenciones mecánicas; y las utopías dinámicas (Edward Bellamy, Aldous Huxley), donde la narración predomina sobre la descripción, apareciendo personajes y tramas.

    Existe otra clasificación posible, basada no en la estructura formal sino en la carga semántica, que también distingue  dos corrientes: las eutopías o utopías positivas, y las cacoutopías[1] o utopías negativas. Las primeras describen una sociedad  perfecta, o en todo caso superior a la contemporánea del autor. Las segundas, una sociedad imperfecta y defectuosa, inferior a la contemporánea del autor (también pueden ser sátiras alegóricas de ésta).

    Debe distinguirse cuidadosamente utopía de utopismo. La utopía es un género, un artefacto literario, que funciona según ciertos invariantes coherentes, y cuya forma privilegiada es el viaje a una comarca lejana. El utopismo es una actitud mental, un modo de pensamiento, no caracterizado por una estructura formal definida. Ambos poseen un proyecto social y construyen, en oposición a la realidad, un mundo otro y una historia alternativa. Sin embargo, la utopía, al ser un género literario, supone exigencias de formulación de su mensaje bajo determinados criterios filosóficos, estructurales, diegéticos y estilísticos. Como no es el objetivo del presente trabajo examinar en profundidad esta cuestión, nos limitaremos a exponer tres:

    1)- Realismo. La utopía busca describir una sociedad que pueda ser posible, por lo que debe volverla verosímil. Esto la distingue del mundo al revés (por ejemplo, Lewis Carroll, o los poemas carnavalescos del siglo IV), que si bien mediante la vía del grotesco o la exageración genera una crítica de la realidad, su inverosimilitud asumida lo separa de una utopía sometida a imperativos de credibilidad y de verosimilitud, y por lo tanto a una forma de realismo narrativo.

    2)- Humanismo. La utopía es esencialmente humanista o antropocéntrica, ya que hace del hombre el dueño de su destino. Esto la distingue de los textos referidos a una “edad de oro”, frecuentes en la literatura de la Antigüedad y el Renacimiento, que provienen de un pensamiento teológico: son nostalgia de un tiempo anterior a la decadencia o a la “caída”, de una era de comunión con la naturaleza y los dioses. Su existencia depende del cumplimiento de la ley fijada por la divinidad: el pecado de Eva o de Pandora lo hace desaparecer, ya que se trata de un mundo dado al hombre y no construido por él.

    3)- Tópico del viaje. El viaje, ya sea en el espacio o en el tiempo, es el principio narrativo estructurador de todas las utopías. Simbólicamente, representa el abandono de viejos valores, seguido del descubrimiento y adquisición de valores nuevos. Ubica al viajero como un punto de vista exterior que encarna los valores puestos en discusión, siendo la travesía el elemento que crea la posibilidad de la novedad y del diálogo.

    Esta distinción es imprescindible a la hora de definir un corpus textual a analizar, que de otra forma se expandiría de forma inmanejable. Nos permitirá mantenernos al margen de textos arcádicos, como ciertos fragmentos del Martín Fierro[2], de relatos de mundo al revés, como los aparecidos en Caras y Caretas a principios de siglo, donde Roca y Pellegrini eran presentados como gallos peleando en un corral, o de textos no narrativos, como los proyectos de falansterios o de ciudades a construir.



[1] Es frecuente, en análisis del género utópico, que se haga la distinción entre eutopías (utopías optimistas) y distopías (pretendidamente, utopías pesimistas). Sin embargo, el término correcto para éstas últimas es cacoutopías. Quien usa distopía para significar “utopía pesimista” no sabe griego, ya que ese vocablo no significa “en un mal lugar” sino “en otro lugar”. 

[2] “Yo he conocido esta tierra / en que el paisano vivía / y su ranchito tenía / y sus hijos y mujer... / Era una delicia ver / cómo pasaba sus días” (primera parte, canto II).

     
       
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