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| HISTORIAL | Género Fantástico y Realismo Indeciso | Actualizado: 13-05-2007 |
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Sexta
entrega de una nueva saga de ciencia-ficción argentina por Daniel Tocchini ilustrado por Javier Dubra
Mi
Buenos Aires Querido (Continuación) El
pequeño hidroavión los divisó en una de las terrazas. Desde el aparato las
siluetas negras se disponían a lanzarse en la próxima pasada para cerrarles el
paso. El
afán por proteger al muchacho le resultaba extraño a sí misma. Gardelia
no tenía tiempo de entender lo que pasaba afuera y menos qué acontecía
en su interior. Disparó
el arma contra una vidriera y saltaron al interior de un local de personajes de
cera donde buscaron camuflarse. Al
momento siguiente, gracias a la pericia de Gardelia, Carlitos ensayaba la mueca
inmortal, enfundado en el traje y
la galera del muñeco al que reemplazaba. -Estás
igualito- susurró ella acurrucada
debajo de la pollera de la negra Mercedes Sosa. Los
ninjas pasaron corriendo frente al local pero uno se volvió sospechando al ver
el vidrio roto del frente. El
pequeño hombrecito oteó cada rincón y recorrió el salón
con movimientos gatunos
mientras se activaban a su paso las grabaciones que contenían una frase
célebre de cada personaje. “
Y estaban vivos..?” oyó de una Susana Gimenez fajada, a lo que el chino no
pudo evitar reaccionar con un estornudo. “…no
los voy a defraudar” el chino saltó para
ponerse a salvo por si el muñeco terrorífico,
no fuera de cera. Cuando
le tocó el turno a Carlitos la grabación comenzó
a escucharse y el chino desconfiado, achicó aún más los ojos, ya
achinados de por si. Gardelia
sintió que todo terminaría en ese mismo instante. “
Miiiiii, Buenos Aires queriiiiiiiiiido, cuando yo te vuelvaaaaaaaveeeeer…” El
sujeto comprobó como si se tratara de un mecanismo, que el sonido no salía de
la boca sonriente del mítico artista argentino. El
pequeño mercenario profirió un grito sordo y monosilábico que atrajo la
presencia inmediata de otros compañeros. Gardelia
ya lista para disparar, contuvo la respiración previendo un final trágico para
todos. Pero
el diminuto admirador solo quería una foto junto al zorzal criollo, y tras el
breve trámite se alejaron. -
Soy ventrílocuo- explicó el muchacho jadeando a punto de desmayarse. Gardelia
lo sacudió de los hombros para continuar escapando. Desenrolló
una cuerda muy fina para hacer rappel y disparó varios niveles màs abajo. Ató
la cuerda y con destreza compartió la caída con Carlitos para terminar en el
estanque de las carpas. Allí
permanecieron tomando aire y sumergiéndose alternadamente entre los peces,
mientras los ninjas corrían por los pasillos. Una
mano tomó el tobillo de Gardelia y la jaló hacia abajo quien a su vez, sujetó
el pie de Carlitos para no perderlo. Apenas
conteniendo el poco aire inhalado
fueron arrastrados varios metros por una tubería de drenaje del
estanque. Ella,
al retorcerse sobre si misma para tratar de liberarse de la mano del captor se
dio cuenta que se trataba de uno de los “sapos del abasto” quien en realidad
los estaba poniendo a salvo. El
brutachon parecía no darse cuenta que los rescatados tenían que respirar,
hasta que Gardelia se lo hizo saber con un mordisco. El
buzo abrió una compuerta y salieron despedidos con el chorro del conducto. -Tás
loca piba?... Así me agradecés..? Ella
hizo caso omiso a la reprimenda y se ocupó de arreglarse mientras el muchacho
yacía inconsciente. -
Quién es el pendejo..? por qué tanto quilombo?- preguntó el “sapo”
mientras lo daba vuelta para ver si podía reanimarlo
. Cuando
lo reconoció, cayó sentado persignándose, como si hubiera visto un fantasma. -
Es Carlitos… es Carlitos…- balbuceó arrinconado como un chico, mientras
Gardelia terminó de escurrirse un poco y se arrodilló frente al
el rostro inconsciente para practicarle el boca a boca. A
pesar de la práctica con los maniquíes de reanimación se detuvo un instante
tomando conciencia que sería la primera vez que sus labios se posarían en los
de un hombre real, bah, un chico. Trató
de prestar atención. Francamente le
interesaba más ésta sensación nueva,
que si salvaba o no al muchacho. Y,
nada. Los gajos mórbidos de la boca le devolvieron un poco de gusto a sal, un
leve olor a ajo de algún menú típico oriental y nada más. Entonces
soplo una vez, dos veces, tres veces. En intervalos regulares, tal como
correspondía en éstos casos. Y nada. Volvió
a intentar una, dos, tres. Y nada. El
chico no reaccionaba. Hasta
que en un estertóreo regresar de la nada Carlitos se incorporó y cantó: -Miiiiiiiii
buenosaaaaires queriiiiiiiiiiidoooo. Cuando yo te vuelvaaaaaa veeeeeeer- y
abrazó emocionado a Gardelia mientras el hombre enfundado en goma negra, rezaba
y se persignaba. Rezaba y se persignaba. -
Por qué te quieren secuestrar- insistió conmovida por tanta expresión de
afecto. El
la miró con dulzura, levantó las cejas hasta donde podía , sonrió con
renovada identidad y tras un breve silencio simplemente le espetó: -
Porque soy Carlos… Carlos Gardel. Gardelia
lo miró como esperando que siguiera la explicación: -Y? -
Eso. Carlos Gardel. -Y? -
Soy el zorzal, el mudo, el que cada día canta mejor… Cuando
se disponía a arrancar a capella con otra melodía, Gardelia le cacheteó la
nuca. -
Hey, pará. Estuvimos a punto de morirnos.- levantó la mano como para seguir
cacheteándolo. Carlitos
de vuelta a la realidad por efecto del pequeño golpe trató de explicar: -
Soy parte de un programa experimental japonés de clonaciones selectivas. Me
trajeron hasta acá para que conociera mis raíces, a mi pueblo tar adentro en
mis entrañas, tar adentro en mi corazón…- Gardelia volvió a amagar un
castañazo- Disculpame… Y así como yo, han clonado a cientos a partir de un
pelo, de un hueso, hasta de las huellas dactilares aparentemente borradas en
cualquier objeto personal del difunto. -
Y a quien más han clonado- -
Y, qué se yo. Son tantos…De acá por ejemplo San Martin. Gardelia
se tapó la boca: -
Me estás jodiendo. -
En serio. Y así lo mismo en varios países.- -Y
los chinos que quieren. -
Como no pueden acceder a los laboratorios, quieren secuestrar a los clonados para copiarlos en su país. -Para
qué- -
Ahora que son los más ricos del
mundo, cada familia quiere pagar para tener a alguien notable. Y mejor si es
occidental. Es un plan gestado desde el gobierno para que en lugar de dos hijos
tengan uno y los que quieran, un clon. -Y
los clones pueden tener hijos?- preguntó Gardelia con urgencia inconsciente. Carlitos
bajó la cabeza y perdió todo el parecido con el bronce que sonríe. -No. (continuará)
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