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| HISTORIAL | Género Fantástico y Realismo Indeciso | Actualizado: 13-05-2007 |
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Aproximación al devenir histórico de los fantasmas en el imaginario de la Cultura Occidental
por Fernando Soto Roland
XVI:
Algunas Conclusiones Finales ¿Qué
podemos rescatar de este recorrido teórico que hemos hecho? ¿Qué resultados
son posibles exponer respecto de una “Historia de los fantasmas en el
imaginario de Occidente? Ante
todo nos proponemos despejar las ideas esenciales que han guiado nuestro trabajo
y aislar ciertas nociones dominantes. El
primer aspecto a recalcar es que el discurso referido a los fantasmas representa
uno de los indicadores del gradual proceso de individuación que
se dio en la sociedad occidental. A medida que la imagen del Yo individual se
estructuró socialmente, nuestros visitantes de la noche adoptaron
formas y aspectos identificables y claros. Incorporaron un rostro, incluso un
cuerpo que —aunque etéreo— ocupaba un espacio propio, separado del resto
del mundo y de las redes comunitarias en las que antiguamente se encontraba
inmerso. Adquirieron una personalidad, vestimentas y hasta un honor individual
que defendieron más allá de la muerte. Los
fantasmas fueron también fichas móviles en la conflictiva relación que
occidente entabló con el dualismo Cuerpo / Alma. Incorporados y desechados, nos
indican uno de los problemas existenciales más profundos y complejos de nuestra
cultura. Resaltan los momentos en los que se intentó resolver la dicotomía
dualista, materializándose o desvaneciéndose según las victorias que el alma
o el cuerpo lograban conseguir. Asimismo,
nuestro devenir epistemológico se ve reflejado en esta historia de la creencia
en fantasmas. El carácter de lo posible y de lo imposible —de lo real o de lo
irreal— variaron con el tiempo, y en esas fluctuaciones, las fronteras
levantadas por el conocimiento humano dejaron una veces dentro, otras fuera, de
la realidad a las misteriosas entidades que nos ocupan. La fuerza o debilidad de
los esquemas teóricos y paradigmas de la ortodoxia religiosa primero, y de la
científica después, señalan la suerte que corrieron los fantasmas en las
representaciones colectivas de una sociedad determinada. La
difusión y los cambios que experimentó la creencia en fantasmas dentro de las
llamadas capas populares, evidencian el proceso aculturador que las elites
dirigentes —laicas y religiosas— pusieron en práctica a través de la
divulgación de textos —especialmente libros de Demonología— cuya
incidencia en el imaginario colectivo determinó que los espíritus se
satanizaran durante los siglos XVI y XVII. La Edad Moderna —con su intención
moralizadora— inventó el miedo a los fantasmas. También
la creencia en fantasmas encuentra una clara relación con la construcción
imaginaria de las llamadas “Geografías de Ultratumba” (Paraíso, Infierno,
Purgatorio), y con las representaciones que la gente construyó del Más Allá. Igualmente,
los fantasmas pueden ser vistos como los principales arquitectos de nuestros
miedos y angustias (históricamente elaboradas), a partir de la influyente visión
racionalista, mecanicista y materialista del siglo XVIII, que hizo de la vida
“una chispa entre dos nadas”. Paralelamente,
a partir del siglo XIX, los fantasmas testimonian —indirectamente— la
necesidad de creer en algo. Muchas voces románticas y desesperadas levantaron
sus tonos frente al escepticismo, convirtiéndose en los portaestandartes de la
crítica al positivismo racionalista (que etiquetaba a todo argumento metafísico
como superstición de ignorantes). Ya
en el mundo burgués de la época victoriana (siglo XIX), las historias de
fantasmas encarnaron los prejuicios, temores y valores —públicos y
privados— de la clase hegemónica. Y el aburguesamiento de los espectros
—paralelo al de toda la sociedad— se propagó por todas las regiones del
mundo en donde recalaron los buques del imperialismo europeo. Igual que la
gripe, la viruela o la escarlatina, los fantasmas fueron siempre muy buenos
marineros. Finalmente,
desde mediados del siglo XX, la creencia en fantasmas pareció combinar los
elementos tradicionales de los relatos con novedosas especulaciones salidas de
las tortuosas maquinaciones de disciplinas pseudocientíficas, de gran aceptación
y lucrativos resultados en la actualidad. Pero esa es otra historia, cuyo análisis
queda fuera del presente ensayo. Profesor
Fernando Jorge Soto Roland Profesor
en Historia por la Universidad Nacional de Mar del Plata Abril
de 1997
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